Lugar de Encuentro de lo sagrado y lo profano

TESTIMONIO: El niño y los legionarios de Cristo

26-Marzo-2006    Atrio
    Algunas de las entradas de ATRIO van produciendo tantos comentarios que se convierten en foros permanentes de diálogo y debate. Los más animados son por ahora: El perdón de las víctimas, El papa a Valencia, El diseño inteligente y la Reprimenda a los kikos. Pero en una entrada no comentada hasta hora -Política vaticana- Espi -que ha estado muy presente en al foro sobre perdón de las víctimas- ha publicado un testimonio muy auténtico sobre su vivencia de niño con los legionarios de Cristo que vale la pena destacarlo aquí, para reflexión y comentario de todos nuestros visitantes.

Yo no puedo hablar de abusos sexuales, pero tuve durante 4 años relacion directa con los Legionarios de Cristo (a partir de aqui y para no engordar lo que escribo los llamare “leg.”).

En Salamanca, está una de los lugares donde estan esta gente mas implantados, con un seminario, y con “clubs” para jovenes, de diferentes sexos en diferentes lugares.

Yo tenia un buen amigo, que vivia al lado de este club, y sus padres, buenos catolicos, habian visto con buenos ojos ese lugar.

Asi es como yo llegue a ese club, de nombres ANDES, que era un acronimo de “Audacia, Nobleza, Dinamismo, Esfuerzo y Superacion”.

El gancho para los jovenes era sencillo.

Aquel lugar, y les hablo del año 1983, estaba lleno de ordenadores de diversos tipos, llenos de juegos de todos los tipos, para que los niños jugasen.

Ademas, habia futbolines, billares, ping-pong, una sala de proyecciones, una capilla, sacristia, un despacho para el director del club (evidentemente un Leg.), y varias instalaciones mas como equipos de musica de alta fidelidad, que estaban reservadas a los que habian pasado a determinada edad y habian accedido al Reino de Cristo.

Yo tenia entonces 9 años. Ya en aquella epoca, yo era un niño que habia descubierto en la informatica, un mundo impresionante. Era un arte capaz de conseguir que un ordenador que no sabia hacer nada, hiciera lo que yo le pidiera, si sabia como pedirselo.

Habia tambien una norma, por la que las personas que fueran a usar los ordenadores para programar, tenian preferencia sobre los que los usaban simplemente para jugar. Y ese era mi caso, asi que yo tenia esa preferencia en el uso de los ordenadores.

El club se abria a las 6 de la tarde, mas o menos, y a las 8 habia misa en la capilla. Siempre se decia que la misa era voluntaria, pero no era cierto. Si decidias no acudir, tenias detras de ti a varios Leg. aun en el seminario, persiguiendote y preguntandote continuamente porque no ibas a la santa misa, e impidiendote con su “charla” cualquier otra actividad.

Es decir, o ibas a misa, o quedabas expuesto a la “orientacion espiritual” de estos Leg.

Ademas, con la excusa de no hacer ruido durante la misa, se prohibia todo tipo de actividad ludica, se cerraba la sala de billares y futbolines, y no habia practicamente nada que pudieras hacer excepto lo ya mencionado.

Segun yo lo vivia a aquella edad, era una molestia asumible a cambio de las posibilidades que ellos nos proporcionaban.

Eso si, como ya en aquellos años yo era una persona combativa, reflexiva y nada timida, disfrutaba incluso con las “orientaciones espirituales” de los novicios, a los que en las charlas que manteniamos les llegaba a hacer reflexiones y a plantear cuestiones, de las que procuraban escabullirse en lugar de contestarlas.

Aquel club lo dirigia un Leg. llamado Padre Ramos. No voy a entrar a hacer un analisis de esta persona. Me basta con decir que cualquiera de los novicios era mejor persona que el.

Cada cierto tiempo, el Padre, decidia que te tocaba “confesion”. Esto era otra cosa asumible, ya que era un trance de media hora en la que era interrogado sobre el comportamiento propio y ajeno, que me resultaba facil esquivar dando una imagen diferente de la que en realidad yo era.

Pero habia algo que nunca me gusto de ese momento.

La “confesion” se celebraba, en el despacho del director, cerrando por dentro con llave y en una postura, de rodillas sobre un suelo de madera, que no era comoda para el que se confesaba, mientras que el Padre Ramos, estaba sentado en una silla, vuelto hacia su derecha, con su cara muy pegada a la de quien se confesaba.

Y era el olor que salia de su boca, un olor molesto, mucho, y que no sabia porque, pero en aquella edad, me ponia en alerta de una forma extraña. En aquel momento lo identificaba con el olor de las heces. Ya de mayor, ese olor lo he experimentado en otras ocasiones, en las relaciones sexuales, y en concreto en el sexo oral.

Era un olor cargado de feromonas y de olor a heces. Lo cual yo no podia explicar en aquel momento de una forma satisfactoria para mi.

Por supuesto que entre los “miembros del club” mas jovenes y “rebeldes”, los menos maleables, ese hecho era comentado junto con el comentario malicioso e infantil de que tal vez comia mierda, y por eso le olia la boca asi.

Todas esas formas de “presion” me resultaban facilmente manipulables. Mientras que mi edad cronologica marcaba ya 10 años, mi edad mental estaba muy por delante.

Mis padres estaban al corriente de mi asistencia a aquel lugar. Y a mi madre, nunca le hizo gracia ese hecho, porque se habia informado bien sobre ellos, incluso habia llegado a hablar de forma directa con el P.Ramos, preguntandole que porque buscaban a niños pertenecientes a familias de un nivel economico e ideologico determinado (que llamo “ricas” aunque no era nuestro caso). El le contesto que con los ricos tambien habia que trabajar, para enseñarles a dar al pobre.

Por supuesto que mi madre no creyo esa falacia, pero como me conocia bien, no temia que pudiera caer en el peligro que ella percibia.

Habia asi mismo una actividad por la que te daban “puntos” canjeables por dulces y chucherias, llamada “captacion”. Se trataba de traer a tus amigos al club. Previo a ese paso, tenias que hablar con tu orientador espiritual, que era algun Leg. novicio, y el te preguntaba sobre ellos, sus actos, sus familias, etc. En aquel momento no era muy consciente de esa recogida de informacion, pero ya me resultaba chocante, y asi exprese mas de una vez, que si se buscaba llegar al mayor numero de personas con el mensaje de Cristo, hubiera que seleccionarlas antes.

El momento mas grave en ese proceso de captacion, fue cuando comente de un amigo, que me habia dicho que sus padres eran socialistas. ¡Ya veis! Un comentario de un niño de 10 años, en el año 1984, cuando “toda España era socialista”.

Pues se veto que ese chico viniera al club.

Cuando pedi explicaciones por ello, se me dijo que no querian inculcar a ningun niño algo que fuera en contra de las ideas de sus padres, a lo que yo pregunte si Cristo era pertenencia de algun partido politico. No recuerdo como acabo esa conversacion, solo recuerdo que yo sali de la habitacion cabreado y dolido.

Evidentemente durante ese tiempo en el club, aunque por mi caracter evitase en muchas ocasiones el “comulgar con ruedas de molino”, el mensaje de Cristo estaba presente.

Aunque no eran coherentes con el muchos de los que alli mandaban, no todos, ese mensaje estaba ahi.

Y ese mensaje, no se si por si mismo o por fuerza de repeticion, acabo entrando en mi mente.

No fue de una forma sana, segun ahora lo percibo.

En 3 años, habia pasado de ser un chaval normal, a alguien atormentado por las normas de la iglesia.

Habia pasado de tener una relacion sana con mi propio cuerpo, a sentirme culpable por masturbarme en plena pubertad.

Habia pasado de ser alguien travieso, despierto, que le gustaba la gente y la calle, a ser un niño de 12 o 13 años, que asistia dos veces al dia a misa, comulgaba dos veces al dia, y mientras iba a casa o al colegio, iba rezando el rosario, que a lo largo del dia rezaba completo, los misterios gloriosos, los gozosos y los dolorosos. No debian existir los luminosos en aquella epoca, o tambien los hubiera rezado.

¿Eso es normal en un niño de 13 años?

Lo logico es que cualquier persona que hubiera tenido conocimiento de ello, hubiera buscado una forma de ayudar a alguien que evidentemente no estaba bien… a no ser que el fanatismo les hiciera ver eso como normal.

Siguiendo esa fe y esa logica, pedi a mis padres que me permitieran irme al seminario de Ontaneda en Santander (de los Leg.). Muchos de los amigos que habia hecho alli, habian acabado en ese lugar, y eso ayudaba mas aun a la percepcion de que era algo normal. Evidentemente, los Leg. estaba encantados con la idea.

Mis padres me lo negaron. No me dejaron ir.

Evidentemente eso me contrario y supuso un problema. Mi padre habia sido sacerdote y es un catolico practicante y activo.

Y fue el quien me dijo, que si en un año, seguia con el mismo deseo o vocacion, se lo plantearian como posibilidad.

Supongo que en eso tambien influyo el que desde el club, se organizasen excursiones a ese seminario, donde todo era diversion y colegueo. Chicos de nuestra edad, jugando a las cartas con nosotros, bañandonos en una piscina de aguas termales sulfurosas (ya que era un antiguo balneario), asistiendo a misa, rezando, y con salas de futbolines , ordenadores y demas, a nuestra disposicion.

Cada chico que iba, era “acogido” por uno de los que alli estaban, que le guiaba, le enseñaba, le contaba, se hacia su “amigo”.

Entre algunas de las cosas que me contaron, era el empeño que ponia el maligno en acabar con la orden de los Leg., y que incluso en el seminario habian ocurrido sucesos, como uno en que una gran bola de fuego persiguio a los que estaban rezando intentando matarles, y que al final el Padre Marcial Maciel se habia enfrentado a ella y con una almohada la habia detenido, quedando la almohada abrasada.

No se como ni porque, con el tiempo fui volviendo a una normalidad adecuada a mi edad. Supongo que como parte del proceso de la adolescencia.

Ya entonces era una persona con mucha capacidad de critica, y que habia ganado unas capacidades dialecticas que muchas veces comprometian a los “orientadores espirituales”.

Cuando fue evidente que yo ya no iba a entrar a formar parte de la orden, empezaron los “ataques”.

En las orientaciones espirituales a los demas chicos, se les hablaba de mi como un peligro.

Incluso al grupo mas cercano, 3 amigos que eramos, se nos obligaba a hacer una especie de confesion-delacion-orientacion “espiritual”, por separado, en la que a cada uno de nosotros, se nos presentaban “pruebas” de que los otros dos, estaban siendo utilizados por el mal para alejarnos de Cristo, y que eran un peligro inmediato para nosotros. Era evidente cuando alguno se dejaba sonsacar cualquier cosa, ya que si asi era, cuando te llegaba el turno de la confesion, se negaban a darte la absolucion mientras no contases todos tus pecados, que el P.Ramos habia logrado conocer a traves de la palabra de otros.

Esta situacion de no-absolucion duraba dias y semanas, hasta que adivinabas, guiado por el, que es lo que queria escuchar.

Ya entonces, yo era una presencia critica con lo que alli veia. Y poco faltaba para el final.

Un dia, en una charla que nos dieron, nos contaron como el P. Marcial Maciel, una vez se jugo todo el dinero que habia recaudado y conseguido para fundar la orden en loteria, convencido de que si Dios queria, haria que le tocase y podria asi fundar la orden, porque con lo que en un principio tenia, no era suficiente para lo que el queria hacer. Evidentemente no le toco, y perdio todo.

Mi respuesta no se hizo esperar: levante la mano, espere a mi turno, y cuestione si eso mas que un signo de amor incondicinal a Dios no era un signo de estupidez, ya que si Dios quiere que te llueva dinero del cielo, podia hacerlo sin necesidad de que alguien se jugase el dinero a la loteria.

Hechos asi fueron precipitando un final anunciado.

En ocasiones, subiamos al palacete que los Leg. tienen en Salamanca. Con una enorme piscina, y campos de baloncesto y futbol enormes.

Como eramos del club, podiamos usarlos.

Pero si cualquier grupo de jovenes no miembros iba alli a tirar unos tiros a la canasta, era invitado a pasar a ser “orientado espiritualmente” o a abandonar el lugar.

Alli observabamos como la flota de coches que tenian, incluia coches de lujo de diversas marcas, desde Mercedes a BMW, con los ultimos adelantos.

Eso generaba una pregunta que siempre era respondida de la misma forma.

“¿Por que teneis esos cochazos?

Los tenemos porque el P.Marcial Maciel esta operado de la cabeza por un tumor que tuvo, y tiene que tener muchisimo cuidado con cualquier movimiento brusco, porque incluso el mas leve mache en la carretera podria matarle en el acto.

Asi que estan aqui para cuando viene Nuestro Padre.”

Conste que en los 5 años que con ellos “estuve” nunca vino el P.Marcial Maciel.

Sin embargo, cuando ellos salian del seminario, si vestian con el atuendo de la orden, usaban un coche al que llamabamos “el santo”. Ese coche era un Seat 131 de hacia siglos, que habia sido donado por alguien. Y era un milagro que andase, dado su estado y su apariencia de estar a punto de deshacerse en sus piezas al mas leve movimiento.

Pero si salian con cualquiera de los otros coches, iban vestidos de paisano. Y nunca veiamos al P.Marcial Maciel dentro del coche… sino a un par de novicios o de curas.

Ya entonces tenian normas que llamaban la atencion, como que un novicio no podia estar nunca solo, ni salir del seminario solo. Asi pues iban siempre en parejas, y lo siguen haciendo. No podian hablar con mujeres, con la excepcion de las de su familia. Cuando eran visitados por sus familiares, se llevaban tambien con ellos al “amigo” de turno que les tocase.

La respuesta a por que este comportamiento, era que asi cualquier tipo de tentacion mundana, era mucho mas facil de evitar porque habia dos conciencias catolicas juntas, y no solo una.

Finalmente, por alguna de estas preguntas y comentarios que varios nos formulabamos, llego el final.

El P.Ramos me llamo, mostrandome la mejor de sus sonrisas. Nada hacia presagiar lo que iba a suceder. Y me llevo hasta la entrada del club, que era un pequeño hall con dos o tres sillones, donde esperaban las personas que por algun motivo no podian-debian entrar al club a ser atendidas.

Una vez alli, le dijo a uno de los miembros del club, uno mayor de edad, que avisase a los demas.

Yo pregunte varias veces que pasaba, pero solo obtenia el silencio y una sonrisa por respuesta.

En dos minutos, aquella pequeña sala estaba llena de toda la gente del club, todos los que alli estaban ese dia.

Y en ese momento, cambiando el rostro, el P.Ramos comenzo a gritarme, con la cara roja y el cuello hinchado, ante todos, que me expulsaba del club, porque yo era una presencia traida por el diablo para destruir todo lo bueno que ellos querian darle al mundo.

El tono fue subiendo, y practicamente ya no podia gritar con mas fuerza, mientras yo observaba atonito la situacion, y miraba a los que eran mis amigos, observando aquel grotesco momento.

Finalmente y cogiendo una cruz de mano, se me obligo mas o menos fisicamente a abandonar el lugar, mientras el P. Ramos, al borde del paroxismo histerico (o eso simulaba), me llamo “Cancer del mundo” y “Sida de la cristiandad”.

Esos dos epitetos se me quedaron clavados para siempre, y mientras bajaba las escaleras para salir a la calle, oia como se cerraba la puerta, y aun a voces, se conminaba a todos los alli presentes a no acercarse jamas a mi.

Tras el ligero shock que eso supuso, mas por las formas que por el contenido, me senti honrado con esos epitetos, si salian de la boca de esa persona.

Evidentemente, y como niños que eramos, todos los del club siguieron viendome, ya que todos viviamos en la misma zona, y tratandome con toda la normalidad del mundo. Se reian del numerito que habia montado el P.Ramos, y me preguntaban que era lo que habia hecho esa vez, suponiendo todos que tenia que haber hecho algo muy grave para que se me tratase asi. Yo nunca tuve respuesta para eso.

Con los años posteriores, segun iban llegando a la adolescencia y empezaban a tener sus grupitos y sus chicas, pues todos ellos abandonaban el entorno del club. Y aun hoy cuando coincidimos, me recuerdan la escena, y se rien. Ya con la objetividad que les han dado los años, ven el lugar como un “comecocos” para llevarselos de curas, como ellos dicen, y se rien de los buenos momentos pasados alli con unos u otros, recordando travesuras y cosas asi.

Esto es, ni mas ni menos, mi experiencia con los Leg.

De ellos no supe nada mas, ni quise.

Alguna vez mi abuela, que salia a pasear por la misma carretera donde ellos tienen su palacete, me comentaba como habia visto en la basura, tortillas de patata enteras, o cajas de langostinos, y se encendia diciendo que si no eran capaces de encontrar a alguna persona que necesitase los alimentos en lugar de tirarlos.

La reaccion normal en cualquier persona mayor, que ha pasado una guerra, una posguerra y todo el hambre del mundo, y que no era capaz de entender como el mensaje de Cristo, acababa desenbocando en algo asi.

No entrare a analizar lo aqui contado en primera persona. Hagalo el lector si le place.

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