Lugar de Encuentro de lo sagrado y lo profano

Contradicciones episcopales en torno a la familia

29-Diciembre-2008    Juan José Tamayo

Los obispos españoles han vuelto a utilizar una fiesta litúrgica del calendario católico, la de la Sagrada Familia, para arremeter en tromba contra las leyes sobre el matrimonio y la familia aprobadas en el Parlamento.

Tres han sido los escenarios elegidos para ello: las cartas pastorales, desde las que han responsabilizado a la ideología de género de la disolución de la familia; las catedrales de algunas diócesis españoles, donde los obispos ha pronunciado sus homilías con una fuerte carga crítica antiparlamentaria;; la plaza de Colón, donde se ha celebrado una misa multitudinaria presidida por el cardenal Rouco Varela y concelebrada por más de cuarenta obispos.

El acto de Colón ha sido una reedición de la concentración del año pasado por estas fechas en el mismo escenario, que tuvo un marcado tono político deslegitimador del gobierno socialista y, en cierta medida, del sistema democrático, al acusar al Parlamento de poner en peligro la democracia.

El cardenal Rouco Varela ha mostrado su estremecimiento por “el hecho y el número de los que son sacrificados por la sobrecogedora crueldad del aborto”, a los que ha definido como “los nuevos ‘Santos Inocentes’ de la época contemporánea. Monseñor Blázquez, vicepresidente de la CEE y obispo de Bilbao, ha responsabilizado de las dificultades que vive hoy de la familia “al ambiente cultural y a algunas leyes”, ha afirmado, –con desconocimiento de los datos de la antropología cultural- que en todas las culturas y los pueblos a lo largo de la historia el matrimonio es la unión del varón y de la mujer, ha calificado el “divorcio exprés” de duro golpe a la estabilidad de la familia y considera una desfiguración sustancial llamar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo. Monseñor Martínez Camino, secretario general de la CEE, ha ido todavía más allá todavía en la descalificación de las leyes aprobadas por el Parlamento de la Nación hasta declarar que nunca como ahora ha habido una legislación sobre el matrimonio más irracional que la que hay hoy en España.

Otras dos declaraciones episcopales destacan por su extremismo, rayano en la injuria, el mal gusto y la falsedad. Las del cardenal García-Gasco, arzobispo de Valencia y presidente de la Comisión para la Doctrina de la Fe, para quien las leyes protegen más a los animales, incluso a los huevos de algunas especies, que a los seres humanos al principio de su existencia, y las de monseñor Munilla, obispo de Palencia, quien ha hablado de los 112.138 niños sacrificados el año pasado en España, los ha comparado con los santos inocentes asesinados por Herodes, y se ha declarado altavoz suyo ante la falta de un sindicato que los defienda o un partido político que los represente.

Los obispos españoles están en su derecho a hacer este tipo de afirmaciones en el ejercicio de su libertad de expresión. Pero creo que incurren en una serie de contradicciones que resumo en el siguiente decálogo.

  • 1. Defienden el matrimonio y la familia quienes no pueden casarse ni formar una familia. Los obispos y los sacerdotes de rito latino, en el momento de ser ordenados, renuncian al matrimonio, condición necesaria para el ejercicio ministerial, sustituyendo así la paternidad humana por la paternidad espiritual, que consideran más fecunda y universal.
  • 2. Defienden la indisolubilidad del matrimonio, conforme a lo establecido en el Código de Derecho Canónico: “el matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto por ningún poder humano, ni por ninguna causa fuera de la muerte” (n. 1141), cuando la propia Iglesia católica cuenta con tribunales especiales dedicados a la disolución del vínculo matrimonial.
  • 3. Consideran la procreación como uno de los fines del matrimonio, son partidarios de las familias numerosas y se oponen a los métodos anticonceptivos, cuando ellos no pueden procrear por el voto del celibato que les obliga a la abstinencia sexual de por vida.
  • 4. Defienden la vida del no-nacido y se oponen al aborto, al que califican en todos los casos de asesinato u homicidio, cuando han justificado la pena de muerte y ponen hoy objeciones a la despenalización de la homosexualidad que, al menos en ocho países, se condena con dicha pena.
  • 5. En cuestiones relativas a la sexualidad, el matrimonio, el origen y el fin de la vida, quieren imponer a todos los ciudadanos como ley natural lo que no es más que doctrina católica sostenida por la jerarquía eclesiástica, muchas veces discutida dentro de la propia Iglesia.
  • 6. Hablan de retroceso de los derechos humanos en el ordenamiento jurídico apelando a determinadas leyes que, en realidad, amplían el ejercicio de dichos derechos. Demuestran una clara incoherencia al exigir reconocimiento pleno de los derechos humanos en la sociedad, cuando ellos los desconocen y no los ponen en práctica en el seno de la comunidad cristiana.
  • 7. Se oponen a la homosexualidad, a la que consideran pecado, desviación natural o perversión moral, haciendo una lectura fundamentalista y descontextualizada de los textos bíblicos.
  • 8. Confunden lo moral o, mejor su propia concepción de lo moral, con lo legal, y creen que lo que para ellos es pecado debe ser considerado delito y penalizado por las leyes.
  • 9. Presentan la familia cristiana como paradigma único de convivencia familiar, desconociendo que hay otros modelos legítimos inspirados en valores laicos o de otras religiones y confundiendo con frecuencia la familia cristiana con la familia patriarcal.
  • 10. Se oponen a la investigación con células madre embrionarias considerando que un embrión es lo mismo que una persona, cuando eso significar mantenerse, ¿a sabiendas?, instalada en un error científico y cuando esa oposición implica la renuncia a la curación de múltiples enfermedades y a la felicidad de muchas personas.
  • ¿Ignorancia error o simple incoherencia lógica e ideológica? Que juzgue cada cual.

    Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Desde la heterodoxia (El laberinto, Madrid)

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