Lugar de Encuentro de lo sagrado y lo profano

Por un cristianismo vivo

03-Noviembre-2009    Luis Troyano
    Este artículo de Luis, un obrero jubilado ya presente en ATRIO desde hace tiempo, es como una invitación a sacar el fondo místico que encierra el cristianismo y cultivarlo. Curiosamente, de una manera muy distinta, con otro estilo y una marcada añoranza medieval que le es propia, Benedicto XVI, en una de sus audiencias semanales, ha hablado de la teología monástica. Podéis ver el texto, presentado con entusiasmo por Sandro Magister en Chiesa: La teología que le agrada al papa teólogo. Comparemos los dos textos y juguemos a semejanzas y diferencias. ¿Qué texto, de extensión parecida aunque de diferente nivel, nos invita hoy más a fomentar la espiritualidad personal?

El cristianismo primitivo estuvo dominado por los gnósticos, los mismos que fueron derrotados por los partidarios de las creencias en detrimento de la experiencia de la divinidad.

El gnosticismo, anterior al cristianismo, en los tres primeros siglos de nuestra era, llegó a mimetizarse con este cristianismo. El más significativo pensamiento gnóstico se alcanzó como rama heterodoxa del cristianismo primitivo.

Creo que el punto de inflexión en que definitivamente el gnosticismo cristiano fue derrotado, se dio en el primer concilio de Nicea, año 325. Entonces el cristianismo sustituyó el culto a Mitra, y pasó a convertirse en parte del software o programación para el pueblo del imperio romano. (La práctica del mitraísmo, como la de todas las religiones paganas, fue declarada ilegal en el año 391 por el emperador Teodosio.)

Las sociedades e imperios agrícolas se estructuraban bajo una programación rígida, que abarcaba no sólo la proyección social del individuo, sino también lo que debía pensar y creer, algo inconcebible hoy día, pero así eran las cosas entonces.

Frente a la gran crisis de la religión cristiana, uno se pregunta si todo el cristianismo se ha de desechar. Porque parto de la premisa que aquello que consensúa la sociedad humana, es la verdad. Luego si masivamente nos alejamos de la religión es porque la religión y no la sociedad es la que se aleja de la realidad, o lo que es igual: de la verdad.

Incipientemente, pero es una corriente que aumenta en la misma medida que se vacían los templos cristianos, los buscadores espirituales, hoy, se aproximan a la espiritualidad oriental. Si en nuestra cultura encontráramos lo mismo que buscamos en Oriente, obviamente seguiríamos directrices autóctonas, más fáciles de asimilar.

La espiritualidad de raíz cultural oriental. En primer lugar, la base desde la que parte es racional, y en segundo lugar, sigue la vía de la experiencia de lo numinoso inefable.

(En principio, la experiencia mística es reproducible por cualquiera que la busque, luego, por más metafísica o subjetiva que sea, es científica. Cuando después de un experimento éste da un resultado comprobable y reproducible, creo que hasta los materialistas deberían reconocer su realidad científica.)

Para encontrar en el cristianismo esa vía experiencial, nos hemos de remontar al gnosticismo de los primeros años de este cristianismo.

Cierto que a lo largo de los siglos entre los seguidores de Jesús, ha habido auténticos místicos. Pero han sido casos que se han dado, a pesar de la o las iglesias. Porque el sustrato desde el que se han desarrollado no era propicio precisamente. Los autoerigidos intermediarios de Dios, no pueden aceptar una comunicación directa con el Misterio, por los integrantes del rebaño… Según los intermediarios, para comunicarse y acercarse a Dios hay que seguir un magisterio, su magisterio, que neciamente se pretende infalible. Y todo esto, adobado por los sacramentos y los dogmas prerracionales.

Solo pondré como ejemplo paradigmático del proceder represoramente inquisitorial de la vía esperiencial o misticismo, el caso de Miguel de Molinos y su quietismo, una lastimosa oportunidad fallida de regeneración de la Iglesia Católica.

Puede sacárseme a colación los santos reconocidos por la I. Católica. Admitamos que la mayoría han sido efectivamente santos, porque “ni son todos los que están, ni están todos los que son”. Pensemos simplemente en el “santo” Escrivá de Balaguer.

Los santos católicos, en su conjunto, y en general, no han pasado del nivel místico denominado nivel sutil, es decir han buscado la unión con el Tú, pero por más unidos que se sintieran, Dios seguía siendo un Tú para ellos.

No han buscado poder decir como dicen que dijo Jesús. “Mi Padre y yo somos Uno”.

En la espiritualidad más elevada, sujeto y objeto, se funden en un Uno.

(Aquí convendría hacer algunas excepciones. Por ejemplo Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, creo que consiguieron un nivel de realización superior al nivel sutil. Pero lo tuvieron que disimular, porque la inquisición vigilaba…).

Y aquí lanzo la pregunta: ¿Por qué los santos católicos, no osaron buscar hacerse uno con el Uno? Y yo mismo me la contesto. Por el peso de la ortodoxia del catolicismo.

Esta ortodoxia, ha sido un freno, una desviación y un obstáculo a la posible realización plena a que podemos aspirar los humanos. Los herejes son ellos…

Pero volviendo a los gnósticos, estos sí buscaban hacerse uno con el Uno, tenían una experiencia directa de la espiritualidad. Lo cierto en cualquier caso, y a pesar de posibles errores; es que se trataba de personas que experimentaban el Espíritu de un modo muy vivo, muy directo y muy inmediato. El sacerdocio lo detentaban las personas despiertas, algo muy diferente a que fueran simples funcionarios de una estructura monárquica y vacía de autentico contenido espiritual, tal como deparó la Iglesia Católica, y tal como la conocemos aún hoy, insólitamente.

No es fácil, aún sabiendo donde está la verdad, establecerla en el mundo. Pero al menos saberla y difundirla contribuye a esclarecerla (obviamente, desde mi humilde opinión).

No obstante defender el gnosticismo, creo que solo es acertado en cuanto a su característica de vía experiencial espiritual.

Hay múltiples escuelas gnósticas. En todas resalta su carácter iniciático a una experiencia introspectiva. Y, cristianas o no, buscando el mismo nivel de conciencia que tuviera Jesús.

Pero entre otros errores resalta un denominador común: su carácter dualista, por el cual se hacía una escisión tajante entre la materia y el espíritu. El mal y la perdición estaban ligados a la materia, mientras que lo divino y la salvación pertenecían a lo espiritual. Por esa razón no podía existir salvación alguna en la materia ni en el cuerpo. El ser humano sólo podía acceder a la salvación a través de la pequeña chispa de divinidad que era el alma o espíritu.

El estado de Realización Plena se consideraba completamente divorciado del mundo.

Pero hubo una revolución espiritual pretérita que comienza especialmente con el genio de Nagarjuna en Oriente y Plotino en Occidente. Esta fue el descubrimiento de lo que podemos llamar iluminación no-dual o realización no dual, que es un profundo entendimiento de lo atemporal o de lo trascendente, pero también es una unión porque es la realización unida a las formas del mundo entero.

Lo más significativo de las tradiciones no-duales no era acceder a un estado donde cesaban las formas y la manifestación sino entender que esa falta de formas o esa vacuidad era una unidad con todas las formas que se manifiestan momento a momento. O sea la unión con el mundo, con la materia. Algo que los gnósticos de todo tipo, no contemplaban.

La idea era que de alguna forma el mundo de samsara (inmanencia) y el mundo de nirvana (trascendencia) debían ir de la mano o no se podría logra un ser pleno, completo o, podríamos decir, integral.

También en la no-dualidad, cielo-infierno o Dios-demonio al mismo tiempo que se excluyen, paradójicamente se complementan en un Principio Conciliatorio Superior.

Esta paradoja, la explica magistralmente Hubert Benoit, en un capitulo de su libro, de titulo “La doctrina Suprema”. El capitulo lo titula. “El bien y el mal”.

Si le damos crédito a Nagajuna y a Plotino. Todo el misticismo cristiano, gnóstico o no, está parcialmente equivocado. Porque solo contempla la mitad de la historia, la trascendente. Despreciando el mundo, lo inmanente. Todo el misticismo medieval, lo que buscaba era alejarse del mundo, era puramente ascendente. Pero la descendente inmanencia de Dios en el mundo, la ignoraba.

Si los monjes de ayer o de hoy quieren seguir la vía de la no-dualidad, deberían demoler los muros de sus monasterios.

En el budismo mahayana, budismo no-dual, existe la figura del bodhisattva. Este se realiza “en el fuego del mundo”. Es estimulante saber, que no necesariamente, nos hemos de retirar del mundo para poder seguir el más autentico camino de realización.

El bodhisattva busca lo trascendente y colabora con la inmanencia de Dios. Actuando en el mundo.

Existía una antigua practica meditativa, que se hacia mirándose el ombligo, literalmente. Pues bien. Está bien mirarse al ombligo, pero no siempre.

Por otra parte, la premisa cristiana de amor al hermano, entronca con la acción en el mundo necesaria si queremos realizarnos plenamente. Pero no es todo. Si nos limitamos a volcarnos en el hermano, lo podemos hacer quizá, sin sabiduría, y entonces podríamos hacer quizá más mal que bien. Compasión si, pero con sabiduría, luego la orientación hacia lo trascendente, que nos da esa sabiduría, no la podemos obviar.

A los puramente trascendentes, hay que recordarles la inmanencia.

A los puramente inmanentes, hay que recordarles la trascendencia.

O sea, ni olvidar al hermano, ni olvidar la introspección que nos transforma a mejor. “Oyendo misa” simplemente. No lo conseguiremos…

Y hemos de tener presente, que a lo trascendente accedemos, no simplemente con el estudio, sino con -práctica- meditativa o contemplativa.

Sin este tipo de prácticas que cito, no hay transformación hacia una mayor evolución de la conciencia, hacia una mayor “gracia de Dios”.

A modo de conclusión:

El cristianismo actual creo que lo salvaría, una práctica mística no-dual. Y bien sabe el Gran Misterio, que no es por hacer estúpido proselitismo (yo practico Zen), pero quiero decir que al menos el Zen podría servirle al cristiano tal como le sirve al budista.

Sabemos que ya hay cristianos que practican el Zen y siguen su vía, sabemos que un cristiano puede ser a la par budista.

El Zen es como el agua, incoloro. Pero sacia la sed. Es no dual porque su base filosófica es el budismo mahayana.

Pero para los suspicaces, le diré que el gran maestro Zen, Taisen Deshimaru recomendaba algo muy simple. Sentarse en zazen (la posición del loto del Buda), y no necesariamente pretender marearse con filosofías. Esto, sentarse correctamente, y procurar serenar la mente, obviamente le sirve a cualquiera, sea ateo, agnóstico o creyente.

En esta época nuestra, dos utilidades le veo a los templos de los que está sembrada, al menos Europa. Una utilidad es que sirvan para cobijar gente que practique Zen o similar. Otra utilidad es que solo se conviertan en atractivo turístico. Claro que simplemente podrían quedar en meras ruinas… Y sabemos por qué…

Luís Troyano

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