Los Mártires de El Salvador
15-Noviembre-2009 Juan José TamayoCon nocturnidad, alevosía y sin piedad. Así asesinaron los militares del Ejército de El Salvador al filo de la madrugada del 16 de noviembre de 1989 en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) a seis jesuitas y dos mujeres salvadoreñas. Entraron en la residencia disparando y el primer tiró fue a dar al corazón de monseñor Romero en una fotografía suya que colgaba de la pared. Diez años después de su asesinato, sabían que seguía vivo en la memoria del pueblo salvadoreño y querían matarlo de nuevo. Luego sacaron a los jesuitas al patio, les obligaron a tumbarse boca abajo y les dispararon a la cabeza.
Quiero recordar sus nombres para que queden fijados en la memoria colectiva como ejemplo vivo de compromiso ético y de fidelidad evangélica: Joaquín López, 70 años, salvadoreño, fundador de la UCA a mediados de los sesenta y director de de la obra latinoamericana de promoción social “Fe y Alegría”; Segundo Montes, burgalés, 56 años, director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA; Juan Ramón Moreno, español, de la misma edad, subdirector del Centro Monseñor Romero; Amando López, español, 53 años, profesor de teología; Ignacio Martín Baró, 47 años, vallisoletano, vicerrector de grado de la UCA; Ignacio Ellacuría, 59 años, vasco, rector de la UCA, filósofo y teólogo. Eran lo más granado de la inteligencia salvadoreña y el referente del catolicismo liberador.Junto a los seis jesuitas mataron a dos mujeres que realizaban tareas domésticas en la residencia de la Compañía de Jesús para que no hubiera testigos del múltiple e inmisericorde asesinato y los crímenes quedaran impunes. Eran Julia Elba, una mujer que llevaba trabajando desde los diez años, y su hija Celina, de 15 años. Luego arrasaron los archivos y las oficinas de la publicación “Carta a las Iglesias”, quemaron de manera selectiva máquinas de escribir, ordenadores, grabadoras y aparatos de video, que se derritieron con la sustancia química que arrojaban las armas.
El óctuplo asesinato causó una gran conmoción en el mundo entero, que no salía de su asombro ante tamaño atentado, que superaba todos los límites de la irracionalidad de la violencia institucional. Una violencia que no era ciega, como se ha querido presentar, sino premeditada y perfectamente calculada para terminar con un cristianismo evangélico e incómodo que denunciaba la represión del Ejército contra el pueblo indefenso, acusaba a los empresarios de controlar el patrimonio nacional como si fuera su finca privada y señalaba con el dedo a los gobernantes por actuar a su antojo.
“¿Por qué los mataron?”, se preguntaba desconsolado su compañero el teólogo Ion Sobrino, que se libró de la matanza por encontrarse de viaje en Tailandia. Él mismo respondía: porque analizaron la realidad y sus causas con objetividad, dijeron la verdad del país en sus publicaciones y declaraciones públicas, desenmascararon la mentira y practicaron la denuncia profética. “¡Y eso no se perdona!”.
Aquellos asesinatos eran, en realidad, la crónica de una muerte anunciada, que había comenzado en 1976 con el estallido de una bomba en la UCA y continuó en los años sucesivos hasta la colocación de bombas en quince ocasiones en diversas zonas de la universidad: la residencia de los jesuitas, las dependencias de administración, el centro de cómputo. Y todo por defender el diálogo como método para erradicar la violencia, para lograr la reconciliación de los sectores enfrentados y conseguir un clima de paz fundado en la justicia. Pero, para el ejército salvadoreño, los gobernantes y los oligarcas, trabajar por la paz era lisa y llanamente una traición y quienes querían transitar por el camino de la reconciliación eran considerados traidores. Varias veces fueron bombardeadas la biblioteca y la imprenta. Volvían a hacerse realidad, como tantas veces en la historia, las premonitoras palabras del poeta alemán Heinrich Heine: “Donde se queman libros se termina quemando también personas”. Lo mismo había sucedido con la Biblioteca de Alejandría: se empezó destruyendo la Biblioteca y se terminó matando a los paganos que se negaban a convertirse al cristianismo, entre ellos a la astrónoma, matemática y filósofa pagana Hypatia bajo la instigación del obispo Cirilo de Alejandría, como escenifica ejemplarmente la película Ágora.
Los asesinatos de los jesuitas se sumaban a los casi setenta mil que se habían producido hasta entonces en una guerra que duraba ya más de diez años en el pequeño país centroamericano que se desangraba a borbotones y perdía a gente de toda clase y condición: hombres, mujeres, niñas, niñas, jóvenes, ancianos, políticos, intelectuales, científicos, sacerdotes, religiosos, religiosas, escritores, campesinos, líderes locales, educadores, economistas, etc. El Ejército se ensañó especialmente con los líderes de comunidades de base y del movimiento campesino, con los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, los teólogos y las teólogas de la liberación, que se convirtieron en blanco privilegiado de las balas al ir desarmados y no contar con protección. Eran, precisamente, los más cercanos a los sectores populares, al “pueblo crucificado”, por emplear el lenguaje teológico de Ignacio Ellacuría, y, por ello, presa fácil de la violencia militar.
De nuevo, la Iglesia perseguida, pero ahora no por el comunismo, sino por un gobierno católico, apostólico y romano como el de Napoleón Duarte. Eran los propios católicos instalados en los puestos de mando del Ejército y del Poder Ejecutivo quienes disparaban u ordenaban disparar contra los otros católicos, a quienes acusaban de subversivos y enemigos de la Patria, cuando su único delito era defender la justicia, poner en práctica la parábola del buen samaritano, colocarse del lado del “¡Cuidado, monseñor, que el comunismo ha entrado en la Iglesia” le dijo Juan Pablo II a monseñor Romero, arzobispo de San Salvador durante su última visita al Vaticano. “Santidad, no son los comunistas quienes asesinan a los sacerdotes en El Salvador”, le respondió con firmeza y seguridad.
La persecución contra los sectores cristianos más comprometidos con los sectores populares empobrecidos había comenzado doce años atrás con el asesinato, en 1977, del jesuita Rutilio Grande y de dos campesinos. Continuó con el crimen de monseñor Romero, arzobispo de San Salvador, la tarde del 24 de marzo de 1980 mientras celebraba la eucaristía. La misma ceremonia de violencia sacrificial volvía a repetirse en diciembre de ese mismo año con el asesinato de cuatro religiosas norteamericanas que trabajaban en zonas populares.
Y mientras la Iglesia de la liberación era perseguida y sus líderes más representativos, asesinados, ¿cuál fue la actitud del Vaticano? Yo creo que puede hablarse de cierta complicidad, ya que desde el comienzo condenó la teología de la liberación, impuso silencio a algunos de sus principales cultivadores y los acusó –también a los jesuitas de la UCA- de marxistas sin sentido crítico, de desviarse de la doctrina católica, de politizar la fe y ponerla al servicio de la subversión e incluso de apoyar la violencia. Acusaciones todas ellas infundadas que no se correspondían ni con su estilo de vida ni con su teología y que dejaban a los teólogos solos e indefensos ante los escuadrones de la muerte. Las cosas no han cambiado. El Vaticano sigue condenando a los teólogos y teólogas de la liberación -el último, Ion Sobrino, compañero de los mártires salvadoreños- y se resiste a reconocer como mártires a quienes trabajaron por la paz y fueron perseguidos por mor de la justicia, contraviniendo así las Bienaventuranzas, que son la carta fundacional del cristianismo.
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Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid. Su última obra es La teología de la liberación en el nuevo horizonte político y religioso (Tirant Lo Blanc, Valencia, 2009)
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31-Diciembre-2009
GRANMA PROFANA LA MEMORIA DE IGNACIO ELLACURÍA
por Carlos A. Montaner
En noviembre de 2009, el gobierno cubano, por medio del periódico Granma, me hizo la calumniosa acusación en varios idiomas de que, 20 años antes, yo había sabido que el padre jesuita Ignacio Ellacuría y otras siete personas iban a ser asesinadas por el ejército salvadoreño, lo que me convertía en cómplice del espantoso crimen.
Como supuesta “prueba” del delito, el periódico afirmaba que, unos días antes del suceso, yo había amenazado de muerte al padre Ellacuría en un programa de televisión filmado en España, moderado por Mercedes Milá, a quien, injustamente, llamaban “falangista”.
Pues bien: aquí están los fragmentos clave del debate, ocurrido cinco años antes del asesinato de Ellacuría, y, como podrán ver, no existe la menor amenaza. Estamos ante la utilización inescrupulosa de la muerte de un hombre valioso, el teólogo Ellacuría, por parte de una dictadura que no pone el menor límite moral a sus actos en el intento de desacreditar a sus adversarios. La persona encargada por el “aparato” para plantar esta infame mentira en la prensa fue Jean-Guy Allard, un periodista francocanadiense radicado en Cuba que actuaba bajo instrucciones de Lázaro Barredo, director de Granma.
Parte I: http://www.youtube.com/watch?v=IB26cyfC1XU
Parte II: http://www.youtube.com/watch?v=g1_0NhtgHek
19-Noviembre-2009
Interesantes detalles sobre Ellacu
http://www.elfaro.net/secciones/Opinion/20091116/opinion6_20091116.asp
‘Las ideas olvidadas de Ignacio Ellacuría’
17-Noviembre-2009
Que recuerde, siempre que he visto los nombres de estas siete personas (asesinadas por la autoridad establecida -a la que Romanos 13 dice que hay que obedecer so pena de ir contra el orden divino-), las últimas de la lista son siempre las chicas, las siervas (asistentas, empleadas o como se las llame) de los teólogos de la liberación.
No deja de resultarme curioso. Y chocante.
A las siete las mataron para evitar que dieran testimonio de la verdad ¿no?
Parece como si jerarquizáramos sin pensarlo, instintivamente, como los animales (que también son criaturas de Dios); poniendo siempre primero a los hombres, en este caso.
Probablemente veo más a Jesús en Celina Mariceth que en las demás, pues eran personas adultas que ya habían vivido, mucho más plenamente que ella, una adolescente de 15 años, por lo tanto la mayor víctima de los siete, a la que más le quitaron: todo lo que tenía por delante para ser, vivir, desarrollarse como persona …
Creo que se merece el mayor homenaje de los siete.
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/11/14/espana/1258223878.html
16-Noviembre-2009
“Santidad, no son los comunistas quienes asesinan a los sacerdotes en El Salvador”.
A monseñor Romero su verdad y su compromiso con el mensaje de Jesús le costó la vida, y luego a Joaquín López, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, Amando López, Ignacio Martín Baró, Ignacio Ellacuría, Julia Elba, Celina, nombres que están vivos en nuestra memoria, y especialmente en la del pueblo salvadoreño, pues sus vidas las segaron como esas otras casi setenta mil por defender una situación más justa para los oprimidos, el “pueblo crucificado”.
Hay que preguntarse quiénes son responsables de esos asesinatos, como la parte de responsabilidad que tienen todos los que respaldaron a los sicarios del poder, a los que no sólo no defendieron a estos cristianos comprometidos sino que incluso los “acusaron” de “comunistas” en lugar de ampararlos y defenderlos, y si hoy día sigue sin condenarlo la iglesia a la que pertenecían hay que preguntarse por qué, y desenmascararla, pues su actitud y su silencio les hace cómplices, tal como denuncia Tamayo en su artículo.
16-Noviembre-2009
La muerte venga de donde venga, para perpetuarse en el poder, sea quien sea…
Es, ¡¡una vergüenza!! Nadie puede llegar a ninguna clase de poder, aniquilando a quienes les pueden hacer sombra, o impedir su sed insaciable de riqueza.
Ninguna idea, sea cual sea, puede hacerse fuerte por encima de los contrarios, con la sangre del pueblo.
Me temo, que todas las personas metidas en estos vericuetos… ¡Tienen de alguna manera las manos manchadas de sangre inocente.
Jon Sobrino ha escrito otra carta en el 20 aniversario de aquel asesinato… y comenta no solo el de los jesuitas… analiza muchos más, que cubren casi la totalidad de la tierra.
¡¡No existe una democracia limpia!!, exenta de maniobras oscuras, en el momento que ven peligrar sus poderes.
¡¡Todos!! Tienen las manos manchadas… cierto, en distinta manera y envergadura.
mª pilar
16-Noviembre-2009
A Ellacuría y compañeros os mataron con balas de plomo los testaferros del poder opresor. A Sobrino o a Tamayo les disoaran con balas d einquisición los testaferros del poder inquisitorial casado con el poder opresor. Y al mismo Jesús si se presentase en persona ante el Gran Inquisidor, como en Dostoyevski, lo volverían a crucificar (aunados curiales y poderosos) después de excomulgarlo.
Juan Masiá
16-Noviembre-2009
Con el respeto que merecen TODAS la opciones individuales de aquellos que, desde Toda ideología o creencia, se proponían trabajar por la causa del BIEN, durante las épocas de mi infancia y preadolescencia, y que fueron víctimas de la barbarie violenta provocada por acción y reacción del Golpe de Estado en julio de 1936, lo que más hecho de menos es esto: el olvido o hipócrita silencio respecto a aquella advertencia profética de Jesús, que encaja especialmente con referencia a las estructuras eclesiales y a sus correspondientes Dirigentes o Responsables:”-Si la SAL (VOSOROS SOIS LA SAL DEL MUNDO, se dice en el Evangelio que dijo Jesús a SUS SEGUIDORES) NI SALA, NI CONDIMENTA ¿para qué otra cosa sirve, sino para ser esparcida por las calles y que la pisen las gentes?” Porque abunda la acusación del sector eclesial jerárquico-clerical-religioso y de simples fieles hacia los por ellos considerados perseguidores como merecedores del máximo castigo penal. Pero si se cumplía el no salar la sal aducido por Jesús, ya que la Iglesia, no sólo aparecía, sino que actuaba como un real PODER FÁCTICO en connivencia y complicidad con los restantes PODERES DE HECHO, había perdido su esencia de SAL (garantía práctica de BUENA NOTICIA PARA LOS POBRES)obstruyendo y no defendiendo la CAUSA JUSTA de los DERECHOS VITALES, por la que luchaba el Pueblo explotado y expoliado. El recurso, pues, a considerarse PERSEGUIDA, era y sigue siendo un recurso falso e hipócrita. Por suerte para LA VERDAD, y para que nos podamos ir aclarando ante las posturas enfrentadas que perduran ante aquellos acontecimientos, quienes son considerados como salvadores de CRISTO REY y de su reino, no pudieron borrar de los Evangelios ni la advertencia de Jesús de que: -”Si a Mí me han perseguido (quienes representen actualizados a mis perseguidores) TAMBIÉN OS PERSEGUIRÁN A VOSOTROS”; y también, resumido y concretado(en Mt. XXV), el motivo por el que a Él le persiguieron y calificaría como verdadera persecución la sufrida por sus discípulos . Porque JESÚS: “SE CONSIDERA tratado COMO se trate a UNO CUALQUIERA DE MIS MÁS PEQUEÑOS HERMANOS.” Para concluir lo de la SAL y la PERSECUCIÓN, esta pregunta ¿Marcaba el proceder de la Jerarquía, el clero, las/os religiosas/os, los fieles practicantes o que presumían de ello, este juicio de Jesús (Mt. XXV) sobre las actitudes de en qué y por qué se es reconocido como discípulo suyo (Ju. XIII,35)? Lo del Salvador actualiza la memoria de lo de nuestra España, lo de tantos lugares en tiempos diferentes y, sobre todo, aquel VIERNES SANTO que, ni por la confusión (en nombre de Dios; por el bien del pueblo; por blasfemo; por revolucionario) termina.
16-Noviembre-2009
Los documentos confirman que la CIA sabía que se iba a matar al jesuita Ellacuría
Jean-Guy Allard
Rebelión
El Departamento de Estado norteamericano, la CIA y los servicios de inteligencia españoles, el antiguo CESID, sabían que el sacerdote jesuita Ignacio Ellacuría, jesuita, rector de la Universidad Centroamericana (UCA), y cinco de su colegas iban a ser asesinados por un escuadrón de la muerte del ejército salvadoreño.
Lo confirmó en su edición dominical el diario español El Mundo citando una serie de documentos de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, “desclasificados recientemente” que serán entregados a la justicoa española.
La revelación refuerza aún más las informaciones que indican como el agente CIA radicado en Madrid Carlos Alberto Montaner estaba enterado de la conspiración cuando amenazó directamente a Ellacuría unos días antes del horroroso crimen.
También toma todo su sentido la teoría según la cual el terrorista internacional Luis Posada Carriles, agente de la CIA entonces alto oficial del aparato represivo salvadoreño y hoy refugiado en Estados Unidos con la complacencia de las autoridades, estuvo implicado en el complot.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=95320&titular=los-documentos-confirman-que-la-cia-sabía-que-se-iba-a-matar-al-jesuita-ellacuría-
Como decía Carmen…mucha gente ya sabía y fuè complice.- Gabriel
16-Noviembre-2009
La voluntad asesina también anida en la cabeza real endiosada de la ICAR: el Papa, al que van a hacer Santosúbito, puso a los pies de los caballos, que apretaron impunes el gatillo, al Obispo Romero, que ’se desmandó’.
Ya hicieron Santo a Escrivá, que apoyaba a un asesino como Franco, como hiciera toda la Jerarquía católica. Y nunca se arrepentirán de ello, ni menos aún pedirán perdón por semejante apoyo interesado. Centenares de miles de asesinatos fueron justificados por esa Jerarquía.
E hicieron desaparecer a Juan Pablo I para poner en su lugar a Juan Pablo II, como si todo ello hubiera sido obra del Espíritu Santo, Opus Dei, la Obra de Dios. Cuánto hechicero, cuánta hechicería, y cuánto hechizado.
Los Papas ya saben lo que se juegan: en el Vaticano pueden aparecer muertos y las causas de la muerte, que la autopsia revela, no las conoceremos públicamente, pues ‘a los Papas no se les hace la autopsia’, dicen, por que sí, por Tradición católica seguramente.
Así que los Obispos, si se desmandan como Romero, también saben lo que se juegan. Romero lo sabía, lo mismo que Jesús lo sabía: y a ambos les costó la vida, por los mismos motivos.
Romero y Luciani desparecieron ‘por orden divina’ salida del Vaticano, que es donde los príncipes de la ICAR deciden lo que les conviene.
Y los católicos se quedan tan panchos, y sus Papas y Obispos nombrados por esos Papas siguen siendo legítimos … Icluso santificarán a Wojtyla. Estamos como enla época de Trento, aunque ahora no asesinen con la Inquisición, pues tienen otros medios.
¿Esa es la voluntad de Dios?
16-Noviembre-2009
Comparto,Juan José,todo tu análisis y quiero sumarme, con mi comentario, a la celebración de la memoria de estos verdaderos mártires del S.XX,maestros y ejemplos de fe viva en Jesús de Nazaret.
“Los mataron, dice Sobrino,por ser conciencia crítica de una sociedad de pecado y por ser conciencia creativa de una sociedad distinta”.
Esa fue su osadía,seguir el camino al Padre, que
Jesús les señaló: su opción por los pobres.
Pasados veinte años de tan vil asesinato, todavía
me ronda por la cabeza el estribillo de la canción: “¿Qué dirá el Papa en Roma, qué dirá…que le están matando a sus palomas?….
¿Qué dirá, hoy,Benedicto XVI? Hoy, que hasta el Presidente Correa se suma, con honra, a la celebración en la UCA y a la salida denuncia que “algo no casa aquí, que siendo el Salvador la región más cristiana del mundo es también la más desigual”…
“¿Qué dirá el Papa en Roma….?
Ni una MISA entonces, ni MU ahora, pues ya está todo dicho: “eran unos curas comunistas”, “Ellacuría un guerrillero”……
“La Esperanza que nos salva, también a los pobres,como a la esclava Josefina,es el CONOCIMIENTO de Dios”. “Las otras esperanzas son materiales y como tales hay que RELATIVIZARLAS”…
(Spe salvi). Si esto tiene algo que ver con la esperanza cristiana de Jesús de Nazaret, que baje Dios y lo vea.
16-Noviembre-2009
JULIA ELBA y CELINA. Carta a ELLACURÍA
Publicado por Silvia Rozas a las 13:22 Sección Social
Querido Ellacu: Este año es el veinte aniversario de vuestro martirio y pronto llegará el treinta de Monseñor Romero. Nos toca hablar de ustedes con frecuencia, con especial responsabilidad, y también con algún escrúpulo. Ustedes, los jesuitas, son mártires bien conocidos, pero Julia Elba y Celina no tanto. Y sin embargo ellas son el símbolo de centenares de millones de hombres y mujeres que han muerto y mueren inocente e indefensamente aquí, en el Congo, en Palestina, en Afganistán, sin que nadie les haga mucho caso.
Prácticamente no existen ni en vida ni en muerte para las sociedades de abundancia. Y tampoco la institución Iglesia sabe qué hacer con tantas gentes que han muerto asesinadas. Si difícil es que canonicen a un mártir de la justicia como Monseñor Romero, mucho más lo es que canonicen a esos hombres y mujeres que han vivido y han muerto en pobreza y opresión. Y sin embargo, muchas veces te oí decir que son “los preferidos de Dios”.
Por Jon Sobrino
Se equivocan quienes ven guerras religiosss, dentro y fuera de LA IGLESIA, la cosa fue siempre entre los adoradores del dios dinero, los OPRESORES, normalmente asesinos y los OPRIMIDOS, normalmente perseguidos, hambreados, torturados y asesinados y gente cono los Jesuitas que tuveran la audacia de solidarizarse con el pobre y oprimido hasta correr su suerte…Por esto la verdadera Iglesia de Jesúcristo siempre estará con el pobre…Gabriel
15-Noviembre-2009
Por aclarar un poco mejor:
Lo que mataban ( cuando podían) los comunistas era a ésto:
http://www.feriadeltoro.net/2009/miscelanea/memoria-historica-en-la-plaza-de-toros/attachment/curas-plaza-detoros-antigua/
Los ” hisopos” que utilizaban estos curas católicos no echaban agua bendita precisamente.
15-Noviembre-2009
Pues disiento como Pepe, no eran comunistas, sino fascistas… y quienes pudieron acallar aquellos fusiles no lo hicieron, vía Roma…
La CIA ya sabia que les matarían, el Vaticano igual.
Y quienes no sabían nada eran las mujeres que trabajan para comer, dice muy mucho que una niña de diez año trabajase, y su hija con quince ya estaba también allí trabajando, así que poco pagaban si no pudo evitar que su hija estuviese a tan corta edad en el servicio doméstico.
No es asesino solo el que apunta u dispara sino quien vende las armas, quien trafica con ellas, quien dice donde ir, y quien sabiendo de antemano que van a por ellos-as no hacen nada.
Políticos, empresarios-narcos. Hombre de leyes-Banca y hombre de las religiones se venden por el poder y el dinero.
Los Rockefeller con el beneplácito del Vaticano entraron sus mierdas en Latinoamérica.
A costa de la T. de la Liberación
15-Noviembre-2009
Yo no pondría tan concluyente el ” dato” de que los comunistas mataban curas. Hay mucha documentación que lo desmiente claramente, pero hay mucha propaganda conveniente ( esparcida por la influencia eclesiástica) que lleva demasiados años difamando descaradamente.
Un sólo ejemplo:
“”No había tal comunismo
Confirmado el catolicismo del pueblo vasco, quedaban menos motivos aún para entender su aniquilación: “Esta lealtad de los católicos vascos a la democracia ponía en un aprieto a los propagandistas que insistían en que los moros y los nazis estaban luchando para salvar a la religión cristiana del comunismo”.
Un enlace muy conveniente para hacer un paralelismo con el comentario que se ofrece:
http://www.esglesiaplural.cat/modules.php?name=News&file=article&sid=525
Pues éso…