Lugar de Encuentro de lo sagrado y lo profano

Desde Nairobi con esperanza

03-Febrero-2007    Evaristo Villar
    Con esperanza han regresado de Nairobi los que han representado a las comunidades cristianas más comprometidas en la marcha hacia una nueva Iglesia y una nueva Sociedad. Así nos lo cuenta Evaristo Villar que ha formado parte del equipo español que dirigió el taller sobre espiritualidad laica.

ESPIRITUALIDAD PARA OTRO MUNDO POSIBLE II Foro Mundial de Teología y Liberación

Nairobi, Kenya, 16-18 de enero de 2007

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Llegadas desde todo el mundo, unas trescientas personas participaron durante los días 16 al 19 de enero de 2007 en el II Foro Mundial de Teología y Liberación (FMTL), celebrado en Nairobi, Kenya. Ciudad ésta, atravesada por el Ecuador y golpeada por los perniciosos efectos de la globalización neoliberal. Con casi tres millones de habitantes y con el inglés y el kiswahili como lenguas más importantes, las tres cuartas partes de la población vive -como Kibera y Gorococho- en “slums” o barrios pobres, constituyendo un cinturón de miseria en abierto contraste con un centro colonial, comercial y administrativo más prospero.

Este segundo foro se inscribe en la ruta abierta por el primero, celebrado en Porto Alegre, Brasil, en enero de 2005 y nacido al calor de los Foros Sociales Mundiales (FSM). La vinculación estrecha entre ambos foros salta a la vista no sólo en las fechas y lugares elegidos para la celebración (el FSM se celebró el 20-25 del mismo mes y en el mismo lugar, inmediatamente a continuación del de Teología y Liberación) sino también en los temas elegidos. Prueba de ello es el lema elegido para este II FMTL “Espiritualidad para otro mundo posible”.

El acercamiento también se advierte, visto desde el segundo foro, en la metodología y en los objetivos. Una metodología que, en esta ocasión, ha sido más autogestionada y participativa, incorporando la presencia de diferentes movimientos y organizaciones de base. Y unos objetivos que se expresan en la experiencia espiritual y la reflexión de la lucha práctica contra la pobreza y el trabajo por la paz, en las apuestas por diálogo interreligioso, intercultural y en perspectiva de género, y en la participación pro-activa en los procesos de transformación de la sociedad.

El sello típicamente africano, con su rica variedad de ritmos y colores, impregnó prácticamente todos los momentos importantes del foro: desde las sentidas oraciones matinales y los cantos, pasando por los símbolos y bailes folklóricos, hasta los paneles de las mesas redondas y los debates. Pero la gran novedad estructural de este segundo foro, además del mayor número de comunicaciones, fue, sin duda, el gran número de talleres que, en sintonía con el motivo dominante del foro, trabajaron sobre aspectos como las espiritualidades, las iglesias, el diálogo interreligioso, intercultural e interétnico, los rituales, la justicia económica y ecológica, los derechos humanos, la democracia y la paz, la relectura de los textos sagrados, las diferentes clases de femenismo, las religiones, etc.

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Durante el primer día, el foro se centró en la presentación de un análisis socio-económico, estructural y de coyuntura, del neoliberalismo global reinante, a cargo de François Houtart, sociólogo y perito del Vaticano II, por una parte, y en la urgencia de una espiritualidad que, centrada en la defensa de la vida, contemple la preferencia de Dios por los pobres por ser “Dios de vida”, por otra. De forma brillante y pedagógica fue mostrando Houtart con gráficos la brecha creciente que se está abriendo entre el Norte y el Sur con el dramático resultado de un holocausto que se cierne implacable sobre la población del Sur, cada día más empobrecida. Entre otros ejes de acumulación y de usura capitalista destacó Houtart el agronegocio, la privatización de los servicios públicos y el control de la biodiversidad. La respuesta a esta situación dramática desde una nueva espiritualidad llegó de la mano de tres teólogos que reflexionaron desde el lado de los perdedores: Tinyko Maluleke, africano, que destacó el aporte que pueden prestar a este empeño las religiones, Rohan Silva, asiático, que profundizó en la necesaria complicidad de las iglesias con los movimientos sociales, y Jon Sobrino, que, desde América, volvió a enfatizar la centralidad de las víctimas en la experiencia de fe de las comunidades cristianas.

En el segundo día, el foro dedicó la mañana a la reflexión sobre la realidad socio-religiosa africana. El diálogo entre los teólogos John Lukwata, ugandés, y Philomena Mwarua, keniata, puso al descubierto algunos aspectos menos edificantes del actual proceso sociorreligioso africano y las posibilidades de afrontarlos desde un encuentro sólido entre el cristianismo y las religiones autóctonas. Superando atávicas descalificaciones y discriminaciones, sobre todo de la mujer, y racismos encubiertos, todas las religiones están llamadas a impulsar conjuntamente la “liberación integral” tanto de las personas como de las comunidades y pueblos. La tarde de esta segunda jornada nos propició la marcante experiencia de inmersión en los barrios miseria de Nairobi. Llegados al barrio de Kibera, donde el hacinamiento de las chavolas y la podredumbre resisten milagrosamente a la muerte, te envuelve una nube de niños que, en su ingenuidad, te gritan constantemente: “¿how are you?”. Como queriendo decir teológicamente: “¿estás tú dispuesto a entrar en este infierno?”, “¿dónde encontrar a Dios en este lugar de muerte?”…

El tercer día y parte del siguiente el foro se dedicó al trabajo en talleres (las comunicaciones se fueron presentando en la mañana del miércoles y en la tarde del viernes). Fueron 24 los talleres que, en conjunto, parecen representar los mayores desafíos a los que se está enfrentando la espiritualidad del ser humano desde todos los rincones de la tierra. Especial urgencia parecen representar aquellos que llegan desde los contextos socio-económicos más castigados por el neoliberalismo rampante. Por ejemplo, los barrios miseria y su desafío a la conciencia humana, la lucha contra el SIDA, la prostitución y el tráfico de mujeres; los derechos humanos quebrantados, la democracia y la paz. No faltaron tampoco las teologías del pluralismo religioso, la nueva teología africana, las redes de encuentro entre mujeres musulmanas y cristianas, la teología desde la perspectiva de género, la superación de la teología del imperio y de los fundamentalismos. Por nuestra parte, desde nuestra experiencia europea, también presentamos un taller sobre algunas claves para la vivencia de “una espiritualidad laica”.

En la última jornada todo fue más de prisa y concentrado. El foro dedicó durante la mañana y parte de la tarde dos mesas: una al diálogo entre las tradiciones religiosas desde una perspectiva liberadora y otra a la espiritualidad y respeto a la diversidad. En la primera el Dr. Laurenti Magesa, desde la herencia espiritual africana, propuso como lugar de encuentro la dimensión afectiva del ser humano para completar el excesivo racionalismo occidental; Abdalla Ibrahim Farah, musulmán, apeló al perdón mutuo y al compromiso social como punto de partida y caminino de liberación; por su parte el maestro hindú, Purshottam Rao, reinvindicó el cuidado de la tierra y el compromiso ecológico como elementos de afirmación de la vida presentes tanto en los Vedas como en los Upanisads; y el profesor Patrick Ryan habló sobre la necesidad de escuchar y recoger las experiencias que llegan desde las periferias. En la segunda mesa, integrada por Eunice Santana, teóloga portorriqueña, Juan José Tamayo, teólogo español y la profesora africana Teresa Ocurre, se abordaron las patologías a superar por la nueva espiritualidad y la disposición a aceptar los nuevos paradigmas que se avecinan.

Finalmente, este II FMTL se clausuró con un sencillo homenaje a los teólogos Houtart y Jon Sobrino por haber puesto su talento al servicio de la transformación social, en un caso, y de la proyección de una imagen de Dios que revela su rostro más luminoso desde las víctimas de la historia, en otro. El broche de oro lo puso el brillante y emotivo discurso del arzobispo anglicano Desmond Tutu, ante cuya fuerza espiritual no hay apartheid que pueda resistirle.

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Concluyo esta sencilla crónica del II FMTL con una breve síntesis del taller sobre “espiritualidad laica” que, impulsado por la Red Europea y no exento de polémica, finalmente fue presentado en este foro por un equipo integrado por Hugo Castelli, María José Arana, José María Vigil y Evaristo Villar. Señalaré también algunas apuestas provisionales.

La síntesis. El cristianismo europeo está atravesando una gran crisis por las transformaciones de la conciencia religiosa que ya no nos permiten «creer de la misma manera».

Una primera transformación es consecuencia del creciente pluralismo religioso. Tras siglos viviendo la experiencia de un cristianismo como «la única religión verdadera”, hoy en día, la biodiversidad -también la religiosa- es percibida como un valor sagrado que no permite tales exclusivismos. Esta nueva conciencia está afectando ya a nuestra forma de vivir y de comprender nuestra espiritualidad y nuestro cristianismo.

Una segunda gran transformación es causada por el avance de los saberes en su conjunto. En la nueva era del conocimiento, en la que estamos entrando, la religión ya no puede seguir desempeñando los papeles jugados en milenios anteriores. Ahora está en crisis la forma de expresión religiosa que la espiritualidad del ser humano adoptó en los últimos milenios. Hoy necesita otra forma de expresión. Esto nos pone en búsqueda, haciéndonos vivir una hora de preguntas sin todavía respuestas.

En este contexto, ¿dónde encontrar un núcleo sobre el que asentar en el futuro nuestra espiritualidad? La búsqueda de muchos de nuestros grupos y comunidades de la Red Europea, en profunda afinidad con la espiritualidad latinoamericana liberadora, cree encontrar ese núcleo en la, así llamada, regla de oro: «trata a los demás como quieres que los demás te traten a ti», que es, sin duda, la más universalizable colaboración entre las religiones y el más seguro camino para la paz. Entre los cristianos, la regla de oro se expresa en el imperativo categórico del amor-justicia liberador, que, en las últimas décadas, se ha formulado como «opción por los pobres». Por ahí pasa, a nuestro juicio, el núcleo de lo que hoy sería la espiritualidad esencial.

En concreto, ¿hacia qué tipo de espiritualidad nos dirigimos? La espiritualidad va a dejar de ser un campo separado de la vida y sometido a la religión para convertirse en una dimensión profunda de la vida en plenitud. Será una espiritualidad mayormente desligada de las religiones, laica, simple y profundamente humana. Quizá estamos yendo hacia un «postcristianismo», o tal vez un «precristianismo», es decir, un fenómeno espiritual como el movimiento de Jesús «antes del cristianismo».

Apuestas provisionales. Si nuestra hipótesis de partida fuera cierta, una espiritualidad para este mundo posible, vista desde muchos de los colectivos cristianos europeos, debería perseguir, al menos de entrada, los siguientes objetivos:

  • Debería reconocer el pluralismo religioso existente como punto de partida y vía de superación de toda forma de exclusivismo e inclusivismo teológico confesional y como condición necesaria para la aceptación de la igual dignidad de todas las religiones.
  • Debería tomar conciencia del cambio epocal que se está dando en la conciencia del ser humano y en el conjunto de todos los saberes, así como de la crisis que está afectando muy seriamente a la plausibilidad de la fe, para encaminar conjuntamente a toda la humanidad hacia un lugar común, previo y más allá de las mismas religiones, donde sea posible el encuentro de todos los seres humanos, sean creyentes o no.
  • Ante la desigualdad y exclusión que agranda la brecha de separación entre los seres humanos por el tener, el saber y el poder, una espiritualidad para este “Otro mundo posible” debería volver a la regla de oro, presente en casi todas las religiones, como base común e impulso ético capaz de implantar unos mínimos de justicia y libertad que dignifiquen la vida humana y la misma continuidad del planeta tierra.
  • En consecuencia, una espiritualidad para “Otro mundo posible”, debería estar siempre muy pegada a la vida y a la tierra, ejerciendo adultamente su libertad y responsabilidad en el mundo, siendo crítica con todas los poderes fácticos que pretendan tutelarla y emancipándose de todas las instancias e instituciones -aún de las mismas religiosas- que intenten recortar la identidad del ser humano. O dicho de otro modo, no renunciando nunca a la aventura de vivir en plenitud.

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8 Comentarios : “Desde Nairobi con esperanza”

  1. Jorge Humberto Valencia

    La espiritualidad es un estilo de vida, expresado en nuestros frutos de comportamiento, donde hacemos realidad la vida de Jesus en nuestro ser. en nuestros comportamiento, acciones, actitudes, nuestras reaciones frente a las agresiones de otros. en conclusion es un estilo de vida. porque profundizamos en nuestro ser entrando al nivel de lo espiritual superando territorios de la neta mente humanos e intelectual para que desde este territorio espiritual se empieza a razonar pero partiendo de la espiritualidad y se vive en nuesta humanidad ya no en un terreno netamente materializado sino donde lo espiritual toca todas las esperas de nuestra existencia porque llegamos a ser mas profundos que superficiales. y siedo mas espirituales somos mas humanos.

    Jorge.

  2. Mariano

    Tampoco yo entendí muy bien eso de “precristianismo” o “postcristiansmo”… Tal vez sea el mismo autor u otro que haya participado del foro quien debería explicarlo. En principio, como propuesta de vida para los cristianos, ninguna de ambas expresiones me resultó afortunada, pues no somos ni “pre”, ni “post”. Acuerdo plenamente con que “la espiritualidad va a dejar (“debe dejar”, agrego yo) de ser un campo separado de la vida y sometido a la religión para convertirse en una dimensión profunda de la vida en plenitud”, pero el hecho de que la espiritualidad haya caído bajo la sumisión de la religión, no es un problema del cristianismo, sino de las iglesias que asumieron el dominio de las estructuras religiosas. En el mismo sentido, tampoco me parece demasiado prudente la fórmula “espiritualidad laica” ya que en el imaginario común (más allá del origen etimológico del término que suele encontrase en “laos”= del pueblo), la laicidad forma parte de la misma estructura religiosa, ya sea como componente válido, como cuando se habla de “ordenados y laicos” o como su contraparte crítica, como cuando se habla de “laicismo”. Preferiría hablar de espiritualidad, a secas, o si se prefiere de “vitalidad” porque qué otra cosa es la espiritualidad sino aquello que da contenido y sentido a nuestras vidas.
    Así es como yo observo la espiritualidad entre los cristianos más pobres, no como un “agregado” institucional sino como su propia vitalidad que ponen en juego día tras día en su compromiso cotidiano. Creo que los más pobres son quienes mejor comprenden la identidad esencial entre el cristianismo y la vida. En lo personal, cuando decidí ser cristiano (y católico), después de caminar entre otras expresiones religiosas, tome esa decisión porque fue la que descubrí como más identificada con la vida de los hombres pues hay algo que tenía claro desde antes: “la religión más divina necesariamente ha de ser la religión más humana”, aunque, hay que decirlo, gran parte de la estructura eclesiástica se esfuerce por quebrar esa lógica.
    Bien, disculpen la poca ilación de mis expresiones, pero no quiero ser ni post, ni pre cristiano, quiero seguir a Jesús sin que nada ni nadie me aleje de la pasión humana por el reino (ya presente), ni de la esperanza divina de la redención.

  3. Gabriel Letelier

    Antonio,

    Suscribo gustoso lo que dices: que Jesús mismo es parte central de su causa, que su causa es una liberación interior para cada hombre, que va más allá de la muerte. Que debemos buscarlo en lo más profundo de nosotros tanto como en las tradiciones de sus seguidores, en una búsqueda en la que interviene nuestra libre conciencia y nuestra interpretación “hoy y aquí” del mensaje recibido. Conservando, naturalmente, cierta continuidad con los conceptos esenciales de nuestro cristianismo, como son –en mi opinión- esos conceptos escatológicos a los que me referí en mi comentario anterior.

    También coincido plenamente contigo en que la ortopraxis es más valiosa que la ortodoxia. A propósito de esto quiero citar aquí el conocido pasaje de Mateo 21, 28-31:
    “¿Qué os parece? [dijo Jesús a los sumos sacerdotes] Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: ‘Hijo, vete hoy a trabajar en la viña’. Y él respondió: ‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Llegóse luego al segundo y le dijo lo mismo. Y él respondió: ‘Sí, señor’, y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?” –“El primero”, contestaron.

    Un afectuoso saludo.

  4. Antonio Duato

    Gabriel,
    En absoluto mi visión de la causa de Jesús es la de una revolución social para conseguir una “futura sociedad humana histórica justa y pacífica”. Ya se que este es el paradigma en el que se quiere encuadrar a toda teología que tome en serio la justicia y la igualdad como parte integrante, no mero corolario moral, del mensaje de Jesús. La liberación de Jesús es más radical, más interior para cada hombre, más definitiva pues va más allá de la muerte en esa esperanza de vida eterna que no es en absoluto “imaginable”.
    Desde luego que su persona y cómo él vivió la comunión con el Padre y con los hombres sus hermanos es parte central de su causa. Él es camino, verdad y vida. Él es la piedra fundamental del nuevo templo, de la nueva religión, del nuevo hombre y de la nueva sociedad.
    Creo que el hecho de Jesús, que ahí está fijado en la geografía y en la historia del mundo, es sobre todo una invitación a buscarle a Él buscándonos a cada uno de nosotros mismos en lo más profundo de nosotros. Los relatos de sus seguidores, esos textos que han quedado oficializados en el Nuevo Testamento y otros coetáneos o posteriores, son imprescindibles para la comprensión de Jesús. Pero aún es más necesario que entendamos a Jesús por dentro, desde nuestras experiencias más profundas que nos constituyen como personas. Al intentar entenderle a Él en lo humano vamos entendiendo lo que de divino hay en cada uno de nosotros y por lo tanto en cada uno de los otros.
    Claro que es importante Pablo, y Juan y los sinópticos. Pero todo hay que releerlo hoy y aquí. Desde Karibia por ejemplo, donde estaba Evaristo hace unas semanas, hay que releer Efesios y el plan de Dios “para todos los hombres” que se ha revelado en Jesús su Hijo. Allí se puede hoy recuperar lo esencial de Pablo aunque otras –su concepción de la liberación como pago de un rescate por ejemplo– tengan más que ver con viejas imágenes del mundo que con la que hoy tenemos.
    No te preocupes, Gabriel, de que perdamos la integridad de la fe. Sabes bien que se pierde más esa integridad por la heteropraxis (mirar a otro lado cuando encuentras al hermano herido o excluido) que por la heterodoxia (no definir a Jesús con todas las palabras de Nicea y Calcedonia).

  5. Gabriel Letelier

    Antonio:

    Dice Moltmann: “para Jesús, de acuerdo a toda su predicación, la causa para la que había vivido y trabajado estaba ligada tan estrechamente a su propia persona y vida que su muerte tenía que significar la muerte de su causa”… “La expresión ‘resurrección de los muertos’, que parecía seguir de las visiones pascuales, no niega la fatalidad de la muerte… Ni reduce el elemento de novedad percibido por los discípulos en Jesús a una dimensión del Jesús terrenal, como la continuidad de la influencia de su causa”.

    La “causa de Jesús”, ¿es la de Jesucristo resucitado? ¿Es la redención de todos los hombres -presentes, pasados y futuros- a una vida eterna en Dios? ¿Es la invitación a todos a participar en un banquete ESCATOLÓGICO, en una Nueva Creación, en un Cuerpo Místico alimentado por el Espíritu de Dios, en que Dios será todo en todos?
    ¿O estos son conceptos paulinos que forman parte de la “concreción histórico-cultural en que se ha trasmitido la causa de Jesús”? ¿Son meras metáforas?
    ¿Debemos quizá abandonar estas esperanzas excesivas y sustituirlas por la esperanza en una futura sociedad humana histórica justa y pacífica?

    Un saludo cordial.

  6. Antonio Duato

    Gabriel,
    A mi no me entristece esa búsqueda del Reino de Dios para todos en “amor-justicia liberador”, esa llamada a un banquete universal sin privilegiados por posición social o religiosa, aunque se la defina como pre- o post-cristiana, en el sentido (así entiendo yo esa frase) de no ser “cristianistas”, es decir, defensores de la concreción histórico-cultural en que se ha trasmitido la causa de Jesús, sino de la misma causa de Jesús.
    Jesús proclamó un amor sin fronteras de ningún tipo como única expresión religiosa y adoración al Abba común. Sus discípulos, sobre todo a partir de la segunda y tercera generación, no pudieron prescindir de recoger este novedoso mensaje en clave de nueva religión, con doctrinas, organización y ritos que los identificaban y separaban. Decía mi maestro Marcel Légaut en una expresión que parece pretenciosa pero que en el fondo es tremendamente humilde: “nosotros, en mundo con tanto progreso científico (incluso en ciencias históricas), con conciencia de la pluralidad y el cambio, estamos tal vez en mejores condiciones de entender en su esencia el mensaje y la figura de Jesús que los mismos discípulos que recogieron en directo sus mismísimas -ipsissima- palabras”. Y digo que es una afirmación humilde pues nos coloca frente a una tremenda responsabilidad: sin apoyarnos en nada definitivo y definitorio, vivir y trasmitir el mensaje a todo el mundo, yendo a “a los cruces de los caminos”, para invitar a todos a las bodas de la única y no monopolizable alianza de Dios con todos los hombres, sobre todo con los más humildes.

  7. Gabriel Letelier

    Me da alegría y esperanza saber que se ha podido hacer una reunión en nombre de Dios, en un ambiente tan abierto, ecuménico y solidario. Reconforta saber que han tenido eco esos “objetivos que se expresan en la experiencia espiritual y la reflexión de la lucha práctica contra la pobreza y el trabajo por la paz, en las apuestas por el diálogo interreligioso, intercultural y en perspectiva de género, y en la participación pro-activa en los procesos de transformación de la sociedad”.

    Pero me entristece saber que ha sido necesario mantener en silencio, y aun apartar, el cristianismo propiamente tal, e ir hacia un “postcristianismo” o tal vez hacia un supuesto “precristianismo” para encontrar un mínimo humanista que favoreciera el diálogo. La “regla de oro” es valiosa para impulsarnos a buscar una sociedad más justa y pacífica, indudablemente, y puede que, tal como están las cosas, debamos dedicar todos nuestros esfuerzos, y nuestras esperanzas, a conseguir esta meta. Mucho lograríamos avanzando en este sentido.

    Yo no he participado en este encuentro; soy un mero y cómodo espectador. No debería atreverme a hablar. Pero no puedo dejar de soñar que los cristianos, una vez imbuidos de un estilo mucho más respetuoso y humilde, una vez abandonada la soberbia arrogante y exclusivista, podamos anunciar a todos la Buena Nueva de un banquete nupcial escatológico al que todos hemos sido llamados por un Dios solidario, pobre, manso y humilde, que descendió a vivir y sufrir con nosotros, para invitarnos.

    En referencia a dicho banquete y a propósito de esta reunión de Nairobi, quiero citar el conocido pasaje evangélico de Mateo 22, 1-10:

    “Tomando Jesús de nuevo la palabra, les habló en parábolas, diciendo:
    ‘El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebraba el banquete de bodas de su hijo. Y envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: ‘Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Entonces el rey, airado, envió a sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Después dijo a sus siervos: ‘La boda está preparada, mas los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda.’ Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.’”

    Saludos cordiales.

  8. joxema

    Parece que poco se ha dicho de las jerarquías eclesiásticas.
    Si en Naiorobi se ha planteado la espiritualidad de la cristianización, pueden las jerarquías permanecer tan ausentes? Tendrá lo expuesto alguna influencia sonre la reunión del CELAM en Aparecida de Brasil?

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