En el horizonte de la utopía
03-Marzo-2007 Juan José TamayoEl VII Foro Social Mundial (FSM) y el II Foro Mundial de Teología y Liberación (FMTL), celebrados en Nairobi (Kenia) durante el pasado mes de enero, son dos signos luminosos de esperanza en un mundo marcado por el imparable empobrecimiento de las mayorías populares en el Sur, el deterioro creciente del medio ambiente, la reducción de los derechos sociales por mor de la privatización de los servicios públicos, el clima bélico que se extiende por doquier y las constantes amenazas de nuevas guerras preventivas.
Cuestionan radicalmente los principios fundamentales del capitalismo, sistema obsceno y obsoleto por su lógica excluyente y por los perversos efectos que provoca, sobre todo en el Tercer Mundo. No se limitan a proponer alternativas para la mejor gestión de un capitalismo de rostro humano, sino que defienden alternativas al mismo, tanto más necesarias y posibles cuanto más se extiende la barbarie. Cuestionan, asimismo, las actuales instituciones internacionales (OMC, BM, FMI, ALCA…), la mayoría de ellas “al servicio exclusivo del capital financiero” (Samir Amin), y abogan por la creación de otras instituciones internacionales al servicio de los pueblos y sectores más desprotegidos del planeta. No profesan ninguna de las dos religiones monoteístas más influyentes hoy: la del Mercado y la del Imperio.Ambos Foros son la mejor expresión del actual pluriverso cultural, étnico, religioso, racial, etc. En ellos convergen diferentes planteamientos y estrategias de alterglobalización, así como plurales movimientos de liberación, que luchan contra las desigualdades económicas crecientes, las discriminaciones por razones de género, etnia, raza o religión, y la destrucción de la naturaleza, fenómenos todos ellos causados o radicalizados por la globalización neoliberal.
Me parece muy correcta la articulación que establecen entre la defensa de la igualdad, sin caer en la homogeneidad, y el reconocimiento de la diferencia, sin desembocar en la desigualdad. Su riqueza radica precisamente en la diversidad de sujetos de transformación y de colectivos inconformistas que participan en ellos: movimiento feminista, pacifista, ecologista, campesinos, intelectuales, clase trabajadora, teologías de la liberación, movimientos religiosos de base, etc.
Uno de los principales méritos del FSM y del FMTL es que se mueven en el horizonte de la utopía. Las utopías tienen su itinerario y su temporalidad y constituyen la conciencia anticipatoria, afirma Ernst Bloch en El principio esperanza. Según esto, a los dos Foros les es aplicable lo que Boaventura de Sousa Santos dice del primero: que son la primera utopía crítica del siglo XXI en ruptura con las utopías de la modernidad occidental, en su mayoría elitistas, etnocéntricas y patriarcales. Ellos representan la emergencia de una política cosmopolita emancipatoria en el marco de una democracia participativa. Su objetivo es realizar la utopía, y su mérito es hacerlo precisamente en un mundo donde ésta ha sido excluida de todas las esferas del ser, del quehacer y del saber, y vive un largo destierro, y en una época en la que imperan las “utopías conservadoras”, cuya criterio ético supremo es la eficiencia, y cuya principal característica es negar toda posibilidad de alternativa a la globalización neoliberal.
Ambos Foros se mueven en un horizonte ético-político: la construcción de una sociedad más justa y solidaria en clave intercultural, interreligiosa e interétnica. Es en este terreno donde más resistencias tienen que vencer, porque la ética vive bajo el asedio del Mercado, la política bajo la amenaza del Imperio, las religiones bajo la espada de los fundamentalismos, las culturas bajo la ideología del choque de civilizaciones, el pensamiento bajo el signo de la Verdad Única y la convivencia cívica bajo la dominación del Patriarcado.
Los FSM contaron, desde el principio, con una participación viva y activa de personas creyentes y de numerosos movimientos religiosos comprometidos en las luchas populares por la liberación. Participación que ha ido creciendo, hasta convertirse en protagónica en el Foro de Nairobi, donde colectivos de diferentes credos y tradiciones espirituales aportaron sus análisis de la realidad y sus experiencias de “otro mundo posible” en ambientes donde reina la más severa exclusión social (suburbios, droga, prostitución, sida, desempleo, esclavitud, niños de la calle, derechos humanos, analfabetismo, campesinado, discriminación étnica y racial, deuda externa…).
Sin embargo, al comienzo, en las actividades del FSM apenas se concedía importancia al análisis del fenómeno religioso y a las religiones como factor de transformación. Fue este desequilibro el que nos llevó a la creación del FMTL, cuyo primer encuentro tuvo lugar en Porto Alegre en enero de 2005, que ha tenido su continuidad en el II Foro de este año. Es una prueba de que el huracán de la globalización neoliberal no se ha llevado por delante a la teología de la liberación ni ha convertido a los teólogos y teólogas al neoliberalismo. Esta teología tiene muchos rostros y nombres, se ubica en los diferentes contextos culturales, sociales y políticos de marginación, y se ha convertido en un movimiento mundial, extendido por todos los continentes, e intenta responder, creativa y modestamente, a los desafíos de nuestro tiempo desde el reconocimiento de la diversidad como riqueza de lo humano.
De capital importancia ha sido la celebración, este año, de los dos Foros en África. Con esta nueva ubicación geográfica y social han logrado hacer realidad su pretensión de universalidad y su voluntad de transformación global. Porque África no es un continente olvidado de la globalización, ni una parte marginal del sistema económico, sino, como afirma certeramente Francis Houtart, el continente más integrado en el mundo capitalista como periferia explotada y con una integración desigual. Precisamente, la globalización neoliberal es el factor clave de su fragilidad.
África sigue una evolución contraria a la de otros continentes. “Sólo un continente es ahora más pobre que hace veinte años: África”, escribía Vittorio de Filippis en 2001, basándose en el Informe de la CNUCED, según el cual “la media de la renta por habitante africano es hoy el 10% inferior a la de 1980″. África es, ciertamente, la víctima principal del actual modelo de globalización. Por eso, la pregunta que se hicieron los dos Foros es la que da título a un libro editado por el Centro Intercontinental, de Lovaina-la-Nueva (Bélgica): “¿Y si África rechaza el mercado?”.
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Artículo publicado en EL PAÍS - Opinión - 03-03-2007
Juan José Tamayo es director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid, y autor de
Otra teología es posible (PPC, Madrid, 2006).
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13-Marzo-2007
Juan José, sólo un par de observaciones. Si este año tu ganas cien y yo cincuenta y el próximo año ganas doscientos y yo cien, la diferencia entre nuestros salarios será de cincuenta este año y de cien el próximo. Pero eso no significa que yo sea más pobre. ¿O no? Es que el argumento de que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres no es cierto. Unos y otros mejoran aun cuando crezca la diferencia. Pero si quieres algo más científico puedes acudir a los informes de la ONU (supongo que no serán sospechosos) y verás que las condiciones de vida han mejorado sustancialmente en este siglo para todos y que el crecimiento es positivo. Cierto que no al ritmo y con la extensión e intensidad que desaríamos (que no haya más hambre, ya) pero sin cesar.
Y otra: es curioso que los países más desarrollados y con mayor bienestar sean capitalistas y que la miseria reine en donde se han aplicado políticas socialistas radicales. ¿Por qué será? Hay quienes dicen sin ruborizarse que porque los ricos roban y esquilman a los pobres. Tal Galeano y sus venas abiertas. ¿No será por otras razones como cierta estabilidad política y democrática, cierta seguridad jurídica de la propiedad, cierta apertura al comercio libre, ciertos niveles de corrupción no disparados…? No sé si otro mundo es posible, pero en el que tenemos parece que lo que mejor funciona es el “salvaje” capitalismo y lo que peor el benéfico socialismo a la soviética. Por no hablar de los infumables populismos tipo Chávez que ha conseguido que en un país riquísimo como Venezuela esté cada vez peor en niveles de renta y de bienestar social.
04-Marzo-2007
Agradezco a JJ Tamayo que mantenga viva la llama de la esperanza y la utopía con la que tanto sintonizo. Todo su artículo mantiene una fuerte tensión entre lo deseable y lo que tenemos entre manos. En este momento la realidad negativa que apunta en la introducción es tan fuete, tan apabullante y tan oprimente que el horizonte utópico parece que nos resulta insuficiente y sobre todo muy lejano, aunque, por otra parte el camino a seguir sea alimentar estos brotes utópicos. La cita de Ernst Bloch de que la utopía tiene su itinerario y su temporalidad es cierta, lo que pasa que el capitalismo actual galopa demasiado salvajemente en itinerarios y en temporalidad sobre los lomos de incontables víctimas que nunca podrán vivir ese horizonte utópico. Siguiendo la propia enumeración de realidades que hace el autor como son el Mercado, el Imperio, los fundamentalismo, el choque de civilizaciones, la Verdad Única, o la dominación del Patriarcado, son demasiados jinetes y demasiado apocalípticos como para dejarnos sólo un pequeño resquicio al optimismo. Nunca en la historia había habido tantas posibilidades técnicas de eliminar injusticias y desigualdades entre países y continentes y nunca se están agrandando tanto las desigualdades y por tanto, nunca se habían cometido tan descaradamente tantas injusticias como se están cometiendo en el momento actual. Y ahí andamos con incipientes proyectos y peleas utópicas que, aunque con gran fuerza interior por la razón que llevan, son muy poco eficaces por la urgencia que requiere la situación actual. No quisiera transmitir desesperanza total, sino evidenciar el distinto ritmo y la enorme diferencia de poder y eficacia entre el orden establecido y la buena voluntad de tantas personas que, como he dicho al principio, mantiene encendida la esperanza de que esto cambiará a base de pequeños testimonios.
Esto es blanco sobre negro, es un momento de la historia en la que nos estamos jugando, no ya sólo un mejor presente para la humanidad y un futuro posible para la misma, sino hasta el futuro del planeta. Quienes me conocen saben que soy una optimista empedernida y quiero seguir aportando mi granito de arena a unos objetivos posibles y esperanzadores, aunque, a la hora de ser objetiva, vea que la realidad es tozuda. Como lo único que nos queda es una esperanza activa, sigamos sumando caminos hacia nuevos y mejores horizontes, que ya otros se encargan de restar.