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El silencio de los testigos

03-Abril-2007    Juan José Tamayo
    Ha sido el mismo autor quien nos ha enviado para ATRIO este artículo, que también se publica hoy en El País. En él se expone esa larga lista de mártires latinoamericanos con los que tan ligada está la vida de Jon Sobrino, que en su carta a Ellacu que ayer publicamos presta hoy su voz a esa “nube de testigos de nuestra fe” como se dice en Hebreos 12.

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EL SILENCIO DE LOS TESTIGOS

La noche del 16 de noviembre de 1989 eran asesinados salvajemente y de manera inmisericorde en la Universidad Centroamericana de San Salvador (UCA) seis jesuitas y dos mujeres Elba y Celina –ésta de 15 años- por militares del Ejército salvadoreño. El óctuplo asesinato conmocionó al mundo. Los ocho muertos se sumaban a los 80.000 más que había costado ya la guerra en El Salvador, país donde se había instalado la cultura de la muerte desde hacía una década. El teólogo hispano-salvadoreño Jon Sobrino podía haber sido el séptimo jesuita asesinado, pero esa noche no estaba en casa. Se encontraba dando un curso de teología en Hua Hin (Tailandia), a 200 kilómetros de Bankok, respondiendo a una petición que le hizo Leonardo Boff. Un sacerdote irlandés le despertó para comunicarle la trágica noticia. “Toda la comunidad, toda mi comunidad ha sido asesinada”, fue su comentario. Enseguida se preguntó por qué estaba él vivo, sin encontrar respuesta. En Tailandia, donde el número de cristianos es muy pequeño, alguien le interrogó entre sorprendido e incrédulo: “¿Y en El Salvador hay católicos que asesinan a sacerdotes?”.

Pocos días después del trágico acontecimiento Sobrino escribió Compañeros de Jesús. El asesinato-martirio de los jesuitas salvadoreños, donde a la pregunta por qué los mataron respondía: “por ser conciencia crítica en una sociedad de pecado y por ser conciencia creativa de una futura sociedad distinta”. Desde entonces la vida no sería igual para Jon Sobrino. “Experimenté -afirma- un corte real en mi vida y un vacío que no se llenaba con nada”. El corte se produciría también en sus escritos posteriores, que llevarían la marca indeleble del martirio y el sello de los pueblos crucificados. Ion Sobrino se convertía en superviviente del martirio y testigo de mártires, y su teología tomaba el género literario del testimonio.

El 12 de marzo de 1977 las balas asesinas habían terminado con la vida de su compañero Rutilio Grande, comprometido en la lucha por la justicia en Aguilares, y de dos campesinos, un anciano y un niño. Ion Sobrino, que estaba acompañando a los muertos, abrió la puerta a monseñor Romero -recién nombrado arzobispo de San Salvador-, que llegaba para presidir el funeral por Rutilio. Sobrino le acompañó hasta la Iglesia donde se encontraban reunidos cientos de campesinos acompañando a los tres cadáveres. Fue durante el funeral cuando Romero, hasta entonces un obispo conservador y crítico con la teología de la liberación, se convirtió al Dios de los oprimidos, a la Iglesia de los pobres y a la causa de la liberación. Tres años después, el 24 de marzo de 1980, mientras celebraba la misa en la capilla de un pequeño hospital de religiosas era asesinado monseñor Romero. Ion Sobrino fue el primer sacerdote que tuvo noticia del asesinato. Unos días antes Romero había dicho premonitoriamente: “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”. Así fue, realmente: su entierro, el 30 de marzo, se convirtió en una de las mayores manifestaciones populares –si no la mayor- en toda la historia de El Salvador. Su libro Monseñor Oscar A. Romero. Un obispo con su pueblo, escrito con motivo del décimo aniversario del asesinato del arzobispo terminaba con estas palabras de I. Ellacuría: “Con Monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador”.

Ion Sobrino es hoy testigo de mártires en el más estricto sentido de la palabra. Él mantiene viva la memoria del horror pare evitar que vuelva a repetirse, ejerce la razón anamnética en tiempo de razón amnésica y olvidadiza, conserva el recuerdo subversivo de los muertos por mor de la justicia, conforme a uno de los principios éticos más revolucionarios que Jesús de Nazaret proclamó en el Sermón de la Montaña y que Gandhi calificaba de verdadero programa social: “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Con su testimonio, incómodo para los victimarios, muchos de ellos vivos, Sobrino está reclamando justicia y rehabilitación de las víctimas y cuestionando un orden jurídico que carece de humanidad.

Los testigos de eventos memorables, de masacres, de catástrofes, de desgracias colectivas, de momentos especiales en la historia de los pueblos suelen contar con una consideración especial. Ellos son protegidos porque representan la voz de las víctimas y su testimonio protegido para que nos e pierda. La institución eclesiástica, empero, tiene un comportamiento poco generoso con los mártires y con sus testigos. A los primeros no les reconoce como tales. Suele acusarlos de haberse desviado de su misión evangelizadora, de meterse en política cuando lo suyo es el culto, de luchar por la liberación de los pobres codo a codo con ellos, cuando lo suyo es la salvación del alma. Implícitamente les están responsabilizando de su propia muerte. Es el caso de monseñor Romero, reconocido como santo y mártir por el pueblo salvadoreño y por cristianos y cristianas de todo el mundo, y sin embargo, cuestionado en su coherencia evangélica por Roma. Romero cumple ejemplarmente la principal condición para ser declarado santo y mártir: haber sido asesinado por su testimonio de la justicia que brota de la fe. Y, sin embargo, el Vaticano no le concede ese reconocimiento, que le hubiera llevado a los altares sin las complicaciones de los procesos de los actuales procesos de beatificación y canonización. El Vaticano tampoco ha reconocido como mártires a los jesuitas y a las mujeres salvadoreñas vilmente asesinados por orden de dirigentes políticos y militares de El Salvador.

La misma falta de generosidad y de reconocimiento ha tenido con Ion Sobrino, a quien no se le ha permitido hacer el duelo por sus compañeros mártires. Desde 1975 viene siendo investigado detectivescamente y sin piedad. Las investigaciones han coincidido con los asesinatos antes referidos: primero fue tras el asesinato de Rutilio Grande; después, tras el de Romero; luego, tras el de los jesuitas; y ahora de nuevo. En vez de pedirle que haga memoria de tantos miles de salvadoreños como ha visto morir, le imponen silencio. Nunca ha sido citado para que diera su testimonio sobre los mártires. Nunca le han preguntado cómo se sentía tras cada asesinato de sus hermanos. Todo lo contrario, sus libros han sido leídos en busca de errores, de herejías. A los censores del Vaticano no les importa su ortopraxis, que realmente es evangélica, sino su ortodoxia. Y ésta ha sido juzgada no con los criterios de la misericordia y del diálogo, de la ecuanimidad y de la comprensión, sino con desmesura y descalificaciones. Y todavía los cancerberos de la ortodoxia se precian de no haberle sancionado. ¡Qué mayor sanción que la propia Notificación!

Mientras tanto Sobrino guarda silencio. Quizás sea la mejor respuesta, recordando la canción de Atahualpa Yupanqui: “La voz no la necesito. Sé cantar en el silencio”.

    Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones en la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Nuevo Diccionario de Teología (Trotta, Madrid, 2005)

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8 Comentarios : “El silencio de los testigos”

  1. Gabriel Sánchez

    Latinoamérica tiene rostro de martirio, hoy lo vemos en Perú…pero la sangre derramada en la lucha por hacer de nuestras tierras un lugar más humano, justo y fraterno (los creyentes) diríamos el Reino de Dios… esa impronta martirial que no es exclusividad de nuestro continente, nos ha marcado nuestra vivencia de la presencia de Jesús Resucitado…esa experiencia que Jon recoge en su Cristología y que sintetiza la experiencia de la Iglesia en América Latina y es aportada a la Iglesia de todo el mundo como una riqueza de la Fe, por supuesto, faltaba más al poder le resulta sospechosa, si no fuese así me preocuparía…todos nos admiramos de que Jon siga produciendo un hermoso trabajo… y nosotros tratamos de seguir sembrando… en esa Cristología que nos muestra un Señor que llora con nosotros y que recoge nuestros muertos junto con nosotros y porque no que nos enseña que la Resurrección nace en lo pequeño, pobre y frágil.-

  2. Paris Arrow

    La razón verdadera por qué Benedicto XVI quiere callar Jon Sobrino es contenido en 2 párrafos en su libro Testigos al Reino, los Mártires de El
    Salvador y las Personas Crucificadas.

    Yo lo explico en mi sitio web Benedicto XVI, Rottweiler de Dios

    http://pope-ratz.blogspot.com/

  3. Gregory

    Pareciera que cierto sector de la Jerarquia se avergonzara del testimonio de estos martires, es una pena, de todos modos el Pueblo de Dios no se averguenza de ellos.

  4. Jorge

    Tu artículo me hace llorar. Lloro por una jerarquía que persigue al que quiere ser consecuente con el Evangelio, como son los teólogos de la liberación, y en este caso concreto Jon Sobrino.
    Da verguenza que hayan canonizado fácilmente a Escrivá, y que no reconozcan la santidad de Mons. Romero. Que testimonios auténticos del Evangelio, no sean reconocidos, porque les suenan a “políticos”. Está claro que el Vaticano no hubiera “canonizado” a Cristo, por su comportamiento “irreverente”, por no cumplir la ley, por andar con pobres, pecadores y gente de mal vivir, por hablar de una manera tan familiar de Dios, por quietarnos tantas cargas de las espaldas.
    Hoy nos podría decir Jesús camino al calvario: “Si así tratan al árbol verde, ¿qué harán con el seco?”.

  5. Troyer

    “Testigo”, que palabra tan a la mdida me parece para el Jon Sobrino. Muy bien acomodada nos la enmarca Tamayo. Cuando fui joven lei una novela de Kasansakis que se llama Cristo de nuevo Crucificado. No recuerdo detalles, ni voy a cansar a este foro, pero compartiendo con Ana Rodrigo esa es la custion, que la Pasion de Cristo es la pasion del mundo y que los roles vienen y van.
    Se ha hecho tanto escandalo que porque Jon Sobrino niega la divinidad de CRisto y bla bla blá.
    Bueno, en mi pobre entender, algunas cristologias nos han invitado a caer en la cuenta que cuando hablábamos de esa “divinidad” pareciera que nos referíamos a ciertos ropajes calcados o diseñados más bien de nuestros conceptos humanos de autoridad, a ciertos aspectos mitificados de Jesús.
    A mí me sabe esa invitación de las cristologías a lo que dijo el poeta: “rómpele el cuello al cisne.” O sea, dejemos tanta cremoseria y vamos al Jesús de la Historia y al Cristo de la Fe. A los dos, asumidos, comprendidos en hondura y sinceridad.
    Pero ya ven la que se armó.
    Love
    Troyer

  6. ana rodrigo

    ¡Cuántas facetas para la reflexión nos ofrecéis quienes conocéis de cerca a Jon Sobrino!: Su ortodoxia, la cristología y la teología tan cercana al Evangelio, su cercanía y entrega a quienes más lo necesitan, su valentía a la hora de dar la cara por la justicia y la paz, su ternura, su honradez, el sufrimiento personal que conlleva un ataque tan directo a lo que ha dado sentido a su vida. Y ahora, Juanjo, nos hace caer en la cuenta de otro aspecto: lo cerca que ha tenido a tantos mártires y lo cerca que ha estado él mismo del martirio, el desgarro personal al perder a toda su comunidad tan cruelmente, la persecución constante sobre su ortodoxia, la soledad que ha sufrido por parte de la Jerarquía que debería haber estado a su lado como gesto humano. Y todo por el Reino de Dios, por seguir al Jesús más auténtico. La verdad que si reconpuésemos el puzzle de una vida tan completa y tan compleja como la de Jon Sobrino, nos daría una biografía digna de encomio y de orgullo para la Iglesia.
    La Jerarquía ataca a estos cristianos y coge la lupa de la estupidez por buscar lo que ni se dice y ni se quiere decir sin la más mínima atención a su vida y a su persona. Unos teólogos y cristianos preocupados no sólo por una praxis coherente con su fe sino también entregados al estudio y dando razones de su esperanza.
    ¿Por qué les molestan tanto estos teólogos y no le molesta el Sr. Cañizares defendiendo a España, al estilo del más rancio nacionalcatolicismo, haciendo descaradamente política de derechas y defendiendo los intereses de un determinado partido político como el PP? ¿O el Sr. Obispo de Huesaca defendiendo la tesis de la conspiración y descofiando del poder judicial en el juicio del 11M o del estado de derecho en el que vivimos?
    No sé si es demasido atrevido pero, en estos días de Semana Santa, con las calles llenas de exaltación del dolor por el dolor ( por o decir otras cosas al respecto), el tema de Jon Sobrino, de la parroquia de Entrevías y otros casos semjantes me recuerdan la época de Jesús: los guardianes de la fe, los fariseos, el sanedrín, la exaltación festiva de Barrabás,la condena de un Justo sólo porque lo que decía y hacía molestaba y evidenciaba la miseria de aquella religión y de aquella sociedad.
    Desgraciadamente parece que la historia se repite con demasiada frecuencia.
    Abrazos cordiañes a todos y a todas

  7. Baruch

    La palabra soledad la define nuestro diccionario de varias maneras, desde una tonada andaluza de carácter melancólico, hasta la carencia voluntaria o involuntaria de compañía, pasando por un lugar desierto, o tierra no habitada. Pero también por ese pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo. Y todo esto, o al menos la ultima definición me inspira tristeza y mas aun cuando ante la irreparable perdida de un ser querido una parte de tus “colegas” te dan la espalda. Creo que eso es el largo túnel por el que esta pasando jon Sobrino. No solo ha tenido que sufrir la perdida de sus seres queridos sino que, a este vacío, ahora hay que sumar aquellos el de aquellos que le habiéndole dado las herramientas para llegar al verdadero descubrimiento de Jesucristo, ahora no solo le dejan solo sino que da la sensación de que, al no tener bastante con el abandono a uno de sus hermanos, ahora escarban en el dolor ajeno.

    No todos saben lo que es el sacrificio por los demás, ni todos estas dispuestos a quemar sus barcos para ganar o desaparecer, así como tampoco todos están dispuestos a cumplir escrupulosamente lo que dijo Boff en uno de los mas grandes artículos periodísticos que he leído en una web en la red, “El otro lo es todo” y no todos están dispuestos a dar de comer al hambriento, ni a dar posada al peregrino….

    Muchas veces, ante noticias, artículos periodísticos, etc. donde de revelan las verdaderas intenciones de instituciones tan serias como deberían ser las actuaciones “con los suyos” de la Iglesia de Roma, asistimos no solo al linchamiento moral, sino a la humillación pública, de las personas que AFORTUNADAMENTE no solo han encontrado el difícil camino de la fe, sino que lo siguen en la mas pura ortodoxia. Perdón pero “El otro lo es todo”.

    No me enrollo mas, ayer leí este artículo en el periódico, y hoy lo he vuelto a leer, y ahora acabo de “copiar y pegar”……..y junto al del Boff, hoy viven felices en mi carpeta de favoritos.

  8. Mariano

    “Sangre de mártires, semilla de cristianos” se dice desde la antigüedad… Me pregunto qué ocurre cuando se pretende lavar esa sangre e impedir que penetre en el humus acogedor de la tierra latinoamericana. No creo que lo consigan plenamente. Podrán atrasar algunos procesos pero esa sangre produce vida, y vida en abundancia. Los mártires de esta tierra se cuentan de a miles: muchos masacrados por el fuego y tantos otros masacrados por la indiferencia, la incomprensión y el autoritarismo institucional-eclesiástico. Algunos de ellos, pero sólo algunos, están reseñados en http://servicioskoinonia.org/martirologio/
    Quien quiera, puede reencontrarse con ellos dando una vuelta por esa página.
    Saludos cuaresmales, pero bien resucitados.

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