“Curas” de quitarse el sombrero
13-Abril-2007 José Ignacio Calleja- Impresionante el caso de este sacerdote murciano, Salvador Martínez Cilier, a quien ATRIO rinde el más sentido homenaje.
Dejo para los que vivían cerca de este hombre todas las precisiones que el caso requiere, pero confieso que a mí me conmueven mucho estas cosas. Siempre he admirado a aquellos sacerdotes, mis compañeros, que tienen facilidad para abrir la casa parroquial, o la suya, a quienes están en situación de necesidad. Más aún si no los conocen, especialmente, de manera que no han podido surgir vínculos de amistad. Sólo, porque sí, por su necesidad, porque “yo tengo y tú necesitas”.
En mis idas y venidas por distintas diócesis he conocido a “una serie de ejemplares” de quitarse el sombrero. Gente con una casa modesta, más fría y desordenada que otra cosa, con el frigorífico medio vacío, un televisor entrado en años, poca ropa y desordenada en el armario, solos al final del día, y ellos con una sencillez y esperanza a prueba de bombas. No los mitifico, simplemente admiro su saber vivir al día y su honradez para hacer concreta la caridad. “En caso de extrema necesidad, todos los bienes son comunes”, decía (dice) nuestra tradición moral cristiana, y ellos aprendieron a darle forma cotidiana con la naturalidad de un pájaro que echa a volar cada mañana.
Me gusta esa gente, me gustan esos curas; tienen unas cuantas ideas claras desde su juventud y las han seguido con celo adolescente. Tienen razones de fe, saben mirar la vida en su verdad última, pero más aún sienten la misericordia de Dios y dejan que, por medio de ellos, llegue a otros. Los curas que abren las casas parroquiales, o sus casas, a quienes están más necesitados que ellos son de otra galaxia, y nos dejan calladitos a los demás. Luego no suelen llegar muy lejos, “de tejas para abajo”, y su voz apenas resuena en los claustros, consejos, conferencias y dicasterios, pero sin duda son los primeros que Dios cuenta cuando quiere reconocer cuántos justos hay entre nosotros. A lo mejor D. Salvador no era exactamente, así, como me lo estoy imaginando, pero, qué más da, se lo merecería. Qué Dios se lo pague.
José Ignacio Calleja
Vitoria-Gasteiz
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14-Abril-2007
Dejemos el juicio de Dios a Dios.
El Evangelio pide (con parabolismo semítico) mansedumbre de paloma y astucia de serpiente. La ingenuidad, muchas veces, no es coeficiente positivo de la bondad. Por qué será que a los buenos los tildamos de tontos?
Lejos de mí emitir juicio sobre el caso de Martinez Cilier que desconozco, pero creo oportuno recordar la necesidad de la astucia serpentina -sin exageraciones ni exclusivismos.
La moneda siempre tiene su cara y su cruz y, si no, es falsa.
13-Abril-2007
Presbíteros santos que dan la vida por sus ovejas, como este hombre a quien ayer se enterró en Cehegin ( Murcia), con su obispo al frente ( mons Reig Pla
Configurado con Cristo , este sacerdote murió violentamente como el Señor, su señor.
se cumple en él tb la escritura: “me han odiado sin motivo”
13-Abril-2007
Con especial admiración y emoción al leer ese resumen de la vida de Salvador Martínez Cilier. En su honor estos versos de un poema de Casaldáliga
Siempre esperé Tú paz. No Te he negado,
aunque negué el amor de muchos modos
y zozobré teniéndote a mi lado.
No pagaré mis deudas; no me cobres.
Si no he sabido hallarte siempre en todos,
nunca dejé de amarte en los más pobres.
13-Abril-2007
Jose Ignacio, estoy con usted, son gente, personas de otra galaxia, pero no hemos de olvidar que estas galaxias también son parte y forman el mundo, nuestro mundo.
Pienso que el hecho de que este sacerdote sea así o no lo sea, como usted lo cuenta, a mi parecer no importa, ya que si hizo el bien sin mirar a quien, seguro que estaba mas cerca de Dios, y eso es lo importante. Lo demás es secundario.
Ejemplos tiene un montón, solo basta con que lea los periódicos de estos días, y se encontrará con la parroquia de San Carlos Borromeo, unas personas que precisamente por estar mas próximos al prójimo ( y prójimo = Dios) están siendo interferidos en su labor de fe, esperanza y caridad por los incompetentes de siempre.
Lamentablemente los que se autoproclamaban defensores de la Religión vuelven a no estar en su sitio. En la viña del señor hay de todo.