Lugar de Encuentro de lo sagrado y lo profano

Rumanos, ciudadanos europeos pero menos…

11-Noviembre-2007    Honorio Cadarso
    En un comentario al “Creer en la Iglesia del futuro” de Légaut, el autor nos advierte: “Jesús era rumano, y vino a España a trabajar, y en España había muy pocos samaritanos para echarles una mano..” Anteriormente nos había enviado este artículo cuya publicación no puede retrasar más este portal que busca el encuentro de lo sagrado y lo profano con espíritu samaritano, no sólo con elucubraciones.

El 1 de diciembre, Rumanía celebra su día nacional. Y algunos rumanos residentes en España se sumarán a la fiesta de su país con celebraciones cogidas con alfileres, en locales cutres y en plan pobre…

Son entre nosotros algunos cientos de miles, uno de los países con mayor representación entre la inmigración que nos ha llegado, por detrás de magrebíes, bolivianos colombianos, ecuatorianos…

No estaría nada mal, haciendo honor a nuestra hospitalidad, que les ofreciésemos todo nuestro apoyo y ayuda para que celebren su día nacional como si estuviesen en su casa.

Y para recordar varias cosas. La primera, que el Estado español les ha impuesto una moratoria hasta que alcancen la plenitud de derechos laborales como ciudadanos europeos, que como mínimo, tienen derecho a considerar abusiva. Deberían ser tratados como ciudadanos europeos de pleno derecho desde el 1 de enero pasado, pero…

Observadores y expertos en contratación de trabajadores inmigrantes señalan en este momento, desde Vizcaya, que “donde un trabajador portugués cobra 12 euros por hora de trabajo, un rumano solo alcanza los 5 euros…” Mientras se ponen trabas a la llegada de operarios rumanos, empresas rumanas de contratación nos están enviando trabajadores de aquel país, sujetos a la legislación de Rumanía y a los salarios de Rumanía, a trabajar en astilleros y otras profesiones. Que esta es otra nueva moda en la inmigración: dejarles venir, pero someterlos a contratos de su propio país de origen, que salen más baratos…

No sería demasiado arriesgado suponer que, ni el estado rumano ni el español tienen gran interés en mejorar las condiciones de contratación de los ciudadanos rumanos. Rumanía, porque parece que se está quedando sin mano de obra, y necesita cerrar sus puertas para evitar la desbandada general; España, porque los sindicatos españoles temen que los trabajadores extranjeros perjudiquen sus intereses… Mientras tanto, los trabajadores rumanos están contribuyendo de manera decisiva al crecimiento económico de nuestro país (es decir, de los que mandan en la economía de nuestro país, llamemos a las cosas por su nombre), y a la mejora de la economía rumana.

Las elecciones municipales de mayo pasado escenificaron otro “timo de la estampita” a los inmigrantes rumanos. A fuer de ciudadanos europeos, se les reconoció “teóricamente ” el derecho a presentarse como candidatos y votar en aquellas elecciones. Pero cuando fueron a votar se dieron cuenta de que no figuraban en el censo, nadie se había preocupado de inscribirlos, es más, se les habían exigido una serie de trámites para ser inscritos que superaban sus capacidades, su conocimiento de la lengua española y su condición de recién llegados.

O sea, ciudadanos de pleno derecho, por ser miembros de la UE, (al igual que Bulgaria), pero desprovistos de toda protección y amparo, marginados por los sindicatos “de clase” (?), muchos de ellos sin papeles…

Como casi todos los europeos del este, su cultura y costumbres están impregnadas de un fuerte sentido religioso. Hay un acuerdo entre la Conferencia episcopal española y la Iglesia rumana para proporcionarles templos católicos donde pueden celebrar sus cultos, ya que sus creencias les impiden celebrar actos religiosos fuera de lugares sagrados. De hecho disponen de templos católicos en ciudades importantes, y cuentan con sacerdotes de su Iglesia rumana; en Bilbao, más exactamente en Derio, a 10 kms de Bilbao, se puede ver cada domingo una iglesia llena de fieles que aguantan de 10 de la mañana a 1 del mediodía celebrando su misa dominical.

En este mismo aspecto, el religioso, sin embargo, cabe señalar que las diócesis españolas no han sido especialmente generosas con los cristianos rumanos inmigrantes. En Bilbao contaban con una iglesia céntrica, que no se usaba para nada, propiedad de una orden religiosa. Pero se les dijo que molestaban y tuvieron que irse al extrarradio, a media hora de tren…

A más del gesto de hospitalidad que supondría el ayudarles y facilitarles la celebración de su Día nacional el 1 de diciembre, a más de facilitarles templos donde celebren sus domingos, cabría un detalle más, que en la cultura rumana es muy valorado: la Navidad es un tiempo especial en sus ritos sus costumbres y su folclore. Unos días antes del 25 de diciembre salen por las calles cantando sus villancicos. Como nosotros, pero con su música hondamente sentida.

En Vizcaya, inmigrantes rumanos han dejado traslucir que les haría una enorme ilusión salir a cantar sus villancicos a la calle, como si estuviesen en su país. Algunos vamos a intentar complacerles, y que la música rumana se cruce con el euskera de los villancicos de aquí. ¿Se acuerdan de aquel salmo: “A la orilla de los ríos de Babilonia nos sentamos a llorar; colgamos nuestras cítaras en los árboles, recordándonos de Jerusalén…”? Para los rumanos, para cualquier inmigrante, esto es Babilonia, Jerusalén es su patria chica, una patria cuyo embrujo que recuperan a través de su propia música…

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