Lugar de Encuentro de lo sagrado y lo profano

EL NUEVO PEDRO

06-Abril-2006    Emilio Bartolomé
    Este nuevo autor que hoy presentamos en ATRIO es licenciado en filosofía por la Universidad Pontificia de Comillas y actualmente profesor de Español en Washnigton DC. Perteneció durante siete años a la Congregación Legionarios de Cristo ocupando desde muy joven cargos de responsabilidad. El testimonio completo de esa etapa está en la página exlces.com donde él colabora. Recomiendo la lectura, al menos, de los dos primeros párrafos

Todos los veranos nos encontramos con fotografías de gente famosa y conocida en su lugar de vacaciones, posando con la mejor de sus sonrisas. Entre todas estas fotos destaca una por su singularidad, la del Papa.

Él no pasa sus vacaciones en una playa, las pasa en la montaña. Él no posa con su familia, posa solo, él no viste cómodas y ligeras ropas veraniegas, él viste una túnica blanca, la misma que vistió el año pasado y que vestirá el que viene, la misma que usa para el invierno y para el verano.

La peculiaridad de la figura del Papa no se limita sólo al sitio que elige de vacaciones o las ropas que viste; en realidad, es toda su vida. De joven ingresó en el seminario y todos los días se ha sentado a mesa puesta, ha vivido en un ambiente aislado del resto de los mortales, lo que en el argot eclesiástico se llama “mundo”, para no contaminarse con sus usos y costumbres. Gracias a la abstinencia, seguramente le ha sido fácil sobrellevar las pulsiones sexuales. Nunca ha tenido familia ni las preocupaciones asociadas. Sus únicas preocupaciones han sido de hecho, la oración y el estudio.

Pues bien, la Iglesia ha sido gobernada por ese tipo de personas, durante 20 siglos. Y quienes son sus ayudantes, los cardenales y miembros de la curia, poseen un pedigrí calcado: además todos hombres y casi todos octogenarios.

El nuevo Papa no debería llevar garrota, debería tener una pértiga; el nuevo Papa debería ser como el “hombre prudente” que saca del baúl cosas modernas y antiguas.

Mujeres en la Iglesia. La Iglesia no puede permitirse el lujo de prescindir por más tiempo del punto de vista femenino, a la hora de abordar los problemas. Hombres y mujeres somos iguales en derechos y deberes, pero tenemos una constitución psicológica muy diferente y su opinión es imprescindible. ¿Por qué no tener mujeres que ejerzan como ministros, pues sacerdotes ya lo son por el bautismo? Si el objetivo es acercar las almas a Dios, ¿no es más fácil que una niña o una adolescente se acerque a otra mujer en confesión, que a un hombre?

Doctrina sobre los anticonceptivos. La doctrina oficial en contra del uso de anticonceptivos supone dos cosas: Primero supone una injerencia inaceptable en la vida privada de la parejas, y segundo, proclamando que cada matrimonio debe tener tantos hijos como la naturaleza le dé, invita a los cónyuges a la procreación irresponsable, en lugar de a la paternidad responsable. Al tiempo que se olvidan los condicionamientos económicos que limitan las decisiones de cada familia.

El pensamiento único impide la libertad de cátedra en las universidades. ¿Como es posible ? ¿Para qué tienen universidades si no permiten la investigación? ¿Pretenden acaso que un catedrático dedique sus esfuerzos intelectuales a una investigación cuyos resultados se conocen de antemano? El pensamiento único no reconoce que el Espíritu Santo sopla donde quiere y no acepta a las así llamadas “teologías de la liberación” cuyo único delito es haber nacido en centro y sur América, y no entre los despachos pontificios. El pensamiento único, no adapta las enseñanzas evangélicas a los tiempos y a los lugares, sino que pretende trasmitir el mismo pensamiento del pasado a adaptarlo a circunstancias diferentes. El pensamiento único, por fin, se manifiesta externamente en la vestimenta de los sacerdotes, siempre negra y con alzacuellos de plástico. Ellos olvidan que el negro es el color de la muerte, no el de la esperanza, y lo que es peor, olvidan que Jesucristo vestía con gran normalidad y elegancia. Si los sacerdotes quieren imitar a Cristo, ¿por qué no le imitan también en el vestido y visten con normalidad y elegancia?

¿Que está pasando dentro de las Congregaciones Religiosas? Homosexualidad, abusos sexuales a menores, separación de los religiosos de sus familias. ¿Cual se el sentido del voto de pobreza? ¿Cómo es posible que mientras los religiosos viven en la más absoluta austeridad, el superior general se concede los caprichos y extravagancias propias de un jeque árabe? ¿Qué pasa cuando un religioso se va? ¿A quién acude? ¿De qué vive? ¿Dónde está la virtud de la justicia? ¿Por qué se confunde pobreza con miseria y no se le paga al religioso su merecido salario, convirtiéndole en un esclavo? ¿Por qué nunca se menciona la cita de S. Pablo “todo trabajador merece su jornal?

Ninguna institución humana trata peor a sus miembros que la Iglesia católica. Religiosos, miembros consagrados y sacerdotes deciden cambiar de estado de vida, ¿quién les atiende?, ¿a dónde van?, ¿de qué viven? Se encuentran de repente en la calle sin medios económicos, sin apoyo psicológico, con una vida sin futuro, y con un pasado que en muchos casos quisieran olvidar. Y con la célebre frase en la cara “La Institución NO le agradece los servicios prestados”

En medio de este panorama aparece la figura papal. Una figura papal que se quiere hacer fuerte, imponiendo su autoridad ante los débiles, pero de ese modo se desacredita y pierde el respeto de todos.

Una autoridad papal, que se ensaña con los discrepantes en las universidades, proclama, el pensamiento único, pero que olvida que dentro de la Iglesia todo es debatible, sólo los dogmas, son incuestionables. Una autoridad papal que predica unas normas sexuales muy estrictas para los de fuera, pero tapa y justifica los escándalos de los de dentro. Una autoridad papal que olvida que la única incompatibilidad que hay en el evangelio, no es con el sexo sino con el dinero.

En la misma medida que el Papa quiere imponer su autoridad, pierde el respeto de los de dentro y de los de fuera y se convierte en débil. Recordemos lo que ha pasado con la Guerra de Irak promovida por tres dirigentes internacionales. Los tres cristianos, el uno católico confeso, el inglés casado con católica y con intenciones de convertirse al catolicismo, y el tercero, que está en el poder gracias a los votos más conservadores del país. Pues bien, el Papa, con toda su autoridad, no ha podido pararlos.

Por todo ello, pienso que el clero católico no está en condiciones de practicar las reformas que requieren los tiempos actuales, y el Nuevo Pedro tiene que ser un seglar. Se que es una idea nueva, y como tal debe ser meditada, y debatida.

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