Simone Weil una mujer absoluta: mística y revolucionaria
01-Febrero-2009 AtrioEsta semana se conmemora el nacimiento de Simone Weil. Nació un 3 de Febrero de 1909. El título de este post esta tomado de dos libros, publicados recientemente, dedicados a ella.
Autora de una obra marcada por la exigencia espiritual, el sentido de la justicia y la problemática social.Desde la redacción de su tesis doctoral, titulada “Ciencia y percepción en Descartes”, desarrolló un pensamiento muy original orientado hacia la búsqueda del bien y la comprensión de los males de la sociedad. Todos sus trabajos epistemiológicos, reunidos bajo el título “Sur la science” (1966), están animados por la voluntad de servir al hombre.
Cuando mística y compromiso social se unen, el resultado es fascinante. Simone Weil, la Virgen Roja según la llamaba despectivamente uno de sus profesores de filosofía, es una de las mentes más lúcidas del siglo XX y una de sus personalidades más extraordinarias. Filósofa y activista comprometida con los marginados, provocó encontradas reacciones entre sus contemporáneos. Trotsky desprecia sus análisis marxistas, mientras que Camus escribe: Desde Marx… el pensamiento político y social no había producido en occidente nada más penetrante y profético.
En vida, el para muchos extravagante comportamiento de Simone eclipsó la profundidad de su obra. Y, sin embargo, en ella vida y obra van inseparablemente unidas porque su voluntad fue siempre la de pensar las circunstancias históricas y asumir los compromisos que éstas exigiesen; pensar, sobre todo, la desgracia, el gran enigma de la vida humana, para conocerla a fondo y poder transformarla. Todo en Simone Weil responde a esta apasionada necesidad de comprender el dolor del mundo participando en él. En este singular compromiso, su trayectoria irá tomando progresivamente tintes menos revolucionarios y más espirituales, en un camino que la llevará desde el estudio de los mecanismos de la opresión social y la participación activa en las luchas sindicales, hasta el encuentro con el cristianismo y el empeño en vivir la compasión hasta extremos difíciles de comprender. Nadie ha acordado de manera más heroica su vida con sus ideas, dice su principal biógrafa, Simone Pétrement. La filósofa morirá durante la Segunda Guerra Mundial, en su exilio londinense, a los 34 años.
Simone Weil mezcla de lucidez y alucinación, es decir, claridad, clarividencia, despejo, y a la vez deslumbramiento, desvarío: luz extraña y extrema, que ahonda y vuelve transparente y a la par saca de órbita y hace que te desvíes, que aclara y ofusca, despeja y apelmaza, radicaliza y a la vez te adhiere a las cosas a las que carga de realidad —“Es bien aquello que da más realidad a los seres y a las cosas, y mal, aquello que se la quita”, dice en sus Cuadernos y en esa antología que es La gravedad y la gracia.
No son pocos los que le han echado en cara a su pensamiento esa oscilación, esa incoherencia y falta de rigor, la continua contradicción de parte de sus afirmaciones y su misma forma de afirmar, la modalidad misma de su certidumbre, esa urdimbre de certezas contradictorias a ninguna de las cuales renuncia. Pero todo ello suena muchas veces a una excusa para quitársela de encima, para sacudirse algo que molesta, que atrae por su excentricidad pero acaba por no estar bien visto en ningún sitio. Demasiado desconcertante. Quien más quien menos, todos —la Iglesia, la izquierda…— han querido integrar su pensamiento o por lo menos lucir su figura como una flor extravagante entre sus filas. Pero no acaba de encajar en ningún sitio y todos concluyen por sacudírsela de encima, desde las ediciones La Pléiade —una especie de desdoro para tan buena compañía— hasta la izquierda —Trotski habló, cómo no, de sus prejuicios pequeño-burgueses y de su vulgar liberalismo aderezado con “una barata exaltación anarquista”— pasando por la Iglesia —el canónigo Moeller, el autor de la imponente obra Literatura del siglo XX y cristianismo, aun sintiendo cierta admiración, la condena, ya ven lo que son las cosas, por su “sexualidad reprimida”. Pero hacen bien, pues otra cosa hubiese sido tener muchas tragaderas con quien manifestó con claridad que ella estaba “al lado de todas las cosas que no tienen cabida en la Iglesia”, que las asociaciones con pretensiones divinas como la Iglesia resultan tal vez más peligrosas “por el simulacro de bien que contienen que por el mal que las ensucia” —pensemos, además y en este sentido, en todas esas ofertas de Patrias y Revoluciones, tecnológicas y globalizadas incluidas, con transferencia de sacralidad realizada—, y con quien, por otro lado, comprendió el profundo fracaso de las revoluciones y vio que “no es la religión, sino la revolución, la que es el opio del pueblo”. Pero tampoco se trata, desde luego, de falta de compromiso, de ligereza o desentendimiento. Nada más lejos para quien se tomó desde un primer momento todo tan a pecho, tan a la tremenda e indagó en cada cosa haciendo de esa indagación carne propia, tiempo de su tiempo vital y penalidad de su peripecia.
Nada, no hay por dónde apresarla por mucho que buena parte de sus excesos existenciales sea de buen ver para nuestra onmicomprensiva sociedad del espectáculo: sus experiencias místicas, su participación durante la Guerra Civil española en la columna Durruti —el único icono de la historia en que un místico lleva un arma, dice J. Jiménez Lozano de una fotografía en que aparece con el mono y el gorro de los anarquistas y el fusil en bandolera—, su colaboración con la resistencia antifascista, su trabajo de obrera manual en las fábricas, sus viajes, sus deslumbramientos, la inaudita intensidad de su vida y su pensamiento, su caridad a ultranza por la que se negaba a calentar su hogar si ella pensaba que los obreros no podían hacerlo, repartía la parte de su sueldo de profesora que superaba el salario mínimo o se negaba a comer, estando enferma y exhausta en Londres, más de lo que ella pensaba que comían sus conciudadanos de la Francia invadida, extremo éste que la llevó a la tumba. Y todo ello en tan sólo treinta y cuatro años.
“¡Está loca!”, respondió De Gaulle cuando ella le propuso que la mandaran en paracaídas a la Francia ocupada, pero esa capacidad y búsqueda de la temeridad en la vida y en el pensamiento, esa “capacidad para la voltereta argumental”, como dice Carlos Ortega, esa perseverancia y radical libertad con que buscó la verdad, ha generado grandes intuiciones en muchos campos, continuas iluminaciones desde el ámbito artístico a la descripción de nuestra sociedad de hoy mismo. Pocas calas tan lúcidas en la naturaleza de la desgracia, el mal, la fuerza o la atención, por ejemplo, o en la esencia y mecanismos del hitlerismo —perfectamente aplicables al etarrismo de nuestros días— o la localización de la nueva opresión en la “función” y la “organización” como las que esta escritora nos ofrece en sus obras.
Simone Weil, “el equívoco constante de su pensamiento” del que habla Blanchot, descoloca, desitúa, afirma sin dudar y encerrando en esa afirmación a la voluntad, pero de tal modo que la afirmación se pone “tiesa y áspera” (Blanchot) hasta convertirse en un poder vacío. Nada mejor, para esta época en que vuelven a marchar, con viejos y nuevos ropajes y nomenclaturas, fundamentalismos y fanatismos varios, Iglesias y Procesos que aspiran a administrar los simulacros sacrificiales del Bien, que atender a la “fascinación y el incordio” que ejerce —como sostiene Jiménez Lozano— su voz, que prestar atención a sus razones y a su forma de atender.
Weil escribe: Dios, al crear el mundo, se retiró de él para venir solo como un mendigo, necesitado y sin fuerza. Pensar a Dios es, pues, pensar su ausencia, su silencio. En este mundo, Dios calla, o lo que es lo mismo, allí donde reina la necesidad, al bien le está como prohibido reinar directamente. Sin embargo, Dios no deja de llamar a los hombres, y un rayo de su luz llega a traspasar a veces la opacidad del mundo tocando a aquel que vacía su yo, que consiente y espera. Esta gracia de Dios no puede evitar la subordinación aplastante del mundo a la necesidad, a la gravedad y a la fuerza; pero puede hacer que el alma no ceje de amar.
Simone sigue actuando, transformando a quien la lee.
Haz hoy mismo tu APORTACIÓN (Pinchar aquí)


03-Junio-2009
Menciona Cioran en sus cuadernos, que le comentaba a un admirador de la “santa roja”, que con impetu semejante se podrían construir un imperio como el más de los tiranos: toda fuerza resultado de una inspiración del absoluto nos coloca en el delirio de los locos, los que igual mata o se dejan matar por lo elevado de sus Dioses.
Igual que con la paradoja de Kierkegaard, sino se comprende que en el monte Moriah lo que iba a cometer Abraham era una monstruosidad (matar a su único hijo, producto de una vida de humillaciones), o bien, un profundo acto de amor, entonces no se ha captado nada.
Ahí es donde Nietzsche perdió la razón, justamente.
Hoy, todos deberíamos leer a la última profetiza de un Dios cada vez más renovado, cada vez más sanguinario y terrible. Derrida dijo que Kierkegaard fue el último pensador por el cual Dios habló al hombre. Lo dijo porque no conoció a Simon Weil. Finalmente, como ella bien dijo, parafraseándola un poco: “una religión que no nos enseña a renunciar a Dios mismo, no vale un céntimo”.
alejandro martínez
12-Marzo-2009
[…] Más sobre Simón Weil en ATRIO con ocasión de su centenario. […]
12-Febrero-2009
El Misticismo, hecho carne, y encarnado en los demás, una mujer que el pueblo la llama Santa Johanna.
Hay otras muchas mujeres que no serán en muchos siglos santas, ni siquiera buenas mujeres, y entre estas está Primera Ministra Johanna Sigurdardottir El gobierno de Islandia, a la que todo su pueblo conoce como
Y la llaman así no por acceder a ese cargo sabiendo su orientación sexual, puesto que esto no es algo favorable en este mundo mundial donde la xenofobia es algo natural por desgracia, ay aún más para la mujer.
Claro está que, su labor con los más desfavorecidos, ha sido largo y constante, lo cual le ha dado la credibilidad como persona sin que su orientación sexual haya podido mermar su categoría personal y humana.
El trabajo que “Santa Johanna'’ hacía no solo era con los pequeños discapacitados psíquicos, físicos, sino con los mayores ancianos de Islandia.
Como a la ve mientra activa en organizaciones en defensa de los trabajadores desde el comienzo de su actividad profesional.
Es madre de dos hijos, divorciada y vive desde el año 2002 con su pareja Jonina Leosdottir, una periodista y escritora.
Que D*s la proteja, pues cuando salen de su círculo, ya no es tan fácil recordar su labor y sí juzgarla por como siente y con quién disfruta de eso que la santa inquisición tan mal ve, ¡la Sexualidad!
Y aún más si hablamos de mujeres y lesbianas, recordemos que somos úteros, como bien dijo Berlusconi hablando de Eluana
Carmen H
05-Febrero-2009
No lo puse perfectos candidatos a santos.Snatos aunque no los canonice la iglesia.Como Romero,Proaño,los jesuitas asesinados de la UCA,las mujeres asesinadas con ellos,etc.
05-Febrero-2009
Javier te contesto un poco tarde.Me parece elemental que Luther King y Gandhi son dos personas profundamente religiosas y desde luego un fantástico modelo a imtar.Mártires los dos.
05-Febrero-2009
Rosa Luxemburgo fue asesinada por las tropas de asalto al servicio de la socialdemocracia. Junto a ella murió su camarada Karl Liebknecht. Nació el 5 de marzo de 1871. Mucha gente sigue la tradición de la Alemania oriental de asistir a la manifestación para recordarla, su respeto lo demuestran depositando claveles rojos en el monumento dedicado a la «Rosa Roja» y a los socialistas y comunistas que trabajaron por un mundo mejor.
“Qué extraordinario es el tiempo que vivimos”, escribía Rosa Luxemburgo en 1906. “Extraordinario tiempo que propone problemas enormes y espolea el pensamiento, que suscita la crítica, la ironía y la profundidad, que estimula las pasiones y, ante todo, un tiempo fructífero, preñado”.
http://www.kaosenlared.net/noticia/rosa-luxemburgo-1
Otra de las muchas mujeres que la Historia no recoge y pone donde debe, cuando será el Día que todas las mujeres sepamos quienes fueron nuestras antecesoras.
Carmen Hernández
04-Febrero-2009
Javier dejemos las santidades para los que tienen que justificarse.
Jesús es el Hijo de D*s. como tú y como yo, y no es santo, tan solo “santo varón de dolores” y ahí dignificó aquellos dolores que padecemos por otros-as.
Tú también has tenido, tendrás tus días de dolores, y serás llamado igual.
Como yo y mis dolores de parto y de crianza, días de dolores santa mujer de dolores
Carmen H
04-Febrero-2009
Javier dejemos las santidades para los que tienen que justificarse.
Jesús es el Hijo de D*s. como tú y como yo, y no es santo, tan solo “santo varón de dolores” y ahí dignificó aquellos dolores que padecemos por otros-as.
Tú también has tenido, tendrás tus días de dolores, y serás llamado igual.
Como yo y mis dolores de parto y de crianza, días de dolores santa mujer de dolores
Carmen H
04-Febrero-2009
Franciso Javier Peláez,
Querido tocayo, la idea que nos transmites de Gonzalez Faus me hace preguntarme ¿hay alguna razón para que no se pueda canonizar a un cristiano, por ejemplo Martin Luther King, que no haya sido católico en su vida terrena? (Sí, con ese nombre, Luther, como Lutero, Martín Lutero)
Por qué no San Martin Luther King? O, yendo un poco más lejos … ¿por qué no San Gandhi?
¿Es que Dios no puede considerar Santo a ninguno de estos dos inmensos personajes humanos?
¿Dónde pone que sólo los católicos pueden ser ascendidos a Santos, a los altares? ¿Es por lo de los milagros? ¿No pueden conseguir milagros si no fueron católicos en su vida terrena?
Me da la sensación de que esto de ascender a Santo a la gente en la ICAR es más para beneficiar a los dirigentes en su gobierno de la ICAR, que otra cosa.
03-Febrero-2009
Tal vez uno de los aportes más conmovedores y entrañables y tal vez, nos muestra un rasgo profundamente femenino, es que màs allá de la burla y descalificación de algùn encumbrado teorico del marxismo, ella fue obrero y explotada, para ser realmente liberadora…su famosa frase, nos llega hasta hoy Carmen a lo màs profundo de la sensibilidad…”La desgracia de los otros entró en mi carne”, que es siempre la mejor forma de ser revolucionario y sin lugar a dudas de ser cristiano…Gabriel
02-Febrero-2009
Bueno tantos día sin ordenador par ami, pensé que no podría intervenir en este apartado de Susan…
Queda clara en todos los textos que se puede leer, que Susan fue una mujer brillante, con unas lúcidas ideas, y que tenía bien amueblada su cabeza.
Resulta paradójico, con 34 años pensase ya con tanta clarividencia, y si lo comparamos con la juventud que hoy tenemos, da hasta pena, y no porque hoy no se tanga la facilidad para estudiar, pues se tiene y mayor que la que tuvieron en aquella época y sobre todo las mujeres.
Se demuestra así, que la filosofía es crucial para todas aquellas personas que quieran entender un poco más lo que es la existencial y el ser humano.
Las Revoluciones no se hacen con gente, que solo saben meterle al cerebro carne de los MacDonal, los perritos caliente el Ketchup y la coca cola.
Todos los escritos coinciden en su rechazo alienador al Poder, sin que para ello fuese necesario un aceptar el yugo o sumisión de los poderosos.
Como a la vez, su valor al romper dichos avasallamientos rompiendo la línea a la cual estaba sometida la flecha.
Es doloroso que su lealtad para con su pensamiento la llevase hacer duros trabajos, como acudir a la fraticida guerra española, como a la vez no alimentarse lo más adecuadamente para afrontar esa enfermedad propia de la pobreza y la miseria.
Quizás, ese fuese su último legado, la libertad hasta para decidir hasta cuando y como seguir viva, o mirar de frente a la muerte para vencerla.
¿No está esto dentro y forma parte de nuestra filosofía cristiana?
02-Febrero-2009
Mujer fascinante donde las haya.Recuerdo haber leido a González Faus que había que canonizarla.Claro si fuera católica.Aunque Faus decía como ejemplo de ecumenismo.La verdad que sin duda fue una mujer completamente disparatada,eso decimos los malos cristianos por falta de coherencia.Claro se propuso metas muy difíciles para sus orígenes burgueses y hasta para su capacidad física:de la guerra civil creo que se fue porque se quemó con una sarten con aceite hirviendo;de la fábrica porque no agüanto y murió de tubertculosis-creo-porque se puso la dieta de la Francia ocupada.En cuanto a su obra leí algunas hace bastante tiempo.No me convenció mucho la idea quizá tan querida para un filósofo de que la primera revelación fue el mundo griego.Pero me conmovió la descripción de su evolución religiosa y del trabajo en la fábrica.Sin duda,una mística,una loca fascinante.Iba a decir poseida por Dios,a lo mejor esto queda muy fuerte.Fortea diría poseida por el diablo.No me extraña que no la entendiera Trotsky.Desde luego,el testimonio de esta mujer es demoledor.
02-Febrero-2009
Queridos contertulios, andaba yo en mis búsquedas -donde sigo- cuando en 2002 conocí a Simone Weil, y tampoco me dejó indiferente, ese verano le escribía a un amigo:
“Aquí, las que aún no hemos salido de vacaciones, hay un dicho popular que dice:”cada loco con su tema y yo con mi calabaza”, -por quitarle un poco de tristeza al asunto- y con mis mayores respetos, mi calabaza ahora está centrada en la muy respetabilísima Simone Weil que me trae de cabeza, porque ningún renglón de su libro “La gravedad y la gracia” que estoy leyendo tiene ni una palabra de desperdicio,y entre tantas hablando del trabajo, -que trasladaba a mi situación laboral- sobre lo que estoy reflexionando y que (me traía algo desquiciada desde hacia tiempo) dice: “El 04 de Diciembre del 34 consigue su primer empleo como peón en la empresa A. de componentes eléctricos. El trabajo a destajo y la inhumana organización de la factoría le producen los primeros sufrimientos, y un mes después enferma. Recuperada de una otitis, vuelve y continúa hasta el 4 de abril de 1935. He ahí sus primeros tratos con el agotamiento físico y el dolor, con el embotamiento intelectual, con el hambre, con el hastío, el asco o la sequedad producida por el tiempo al introducirse en el cuerpo sometido al esfuerzo maquinal, con la humillación, en definitiva con las cruces del obrero. Pero tal vez lo que más siente es que ese modo de organizar el trabajo exilia al hombre la facultad de pensar. Es cierto que el ejercicio de pensar dificulta la tarea manual sometida a un ritmo de productividad óptimo y la hace más lenta e ineficaz,…(y yo en mi trabajo me preguntaba “ingenuamente”, hasta donde el ritmo de productividad óptimo?, para que más rapidez y eficacia?, para facilitar las necesidades básicas de millones de seres en otros tantos lugares del mundo?, si fuera así adelante, el esfuerzo estaría justificadísimo, yo la primera, pero si nó…, a donde nos lleva semejante vértigo?),como no lo es menos que eludiendo la reflexión sobre la propia condición y la inhumanidad del sistema productivo se evitan otros sufrimientos. En ese estado de cosas, advierte Simone Weil, trabajo manual y pensamiento se excluyen y se dificulta mucho cualquier tentativa de encontrar desde dentro algo que fracture estas modernas formas de esclavitud industrial. Finalmente se declara vencida. Despues de un año poco más o menos.
¿Como nos tendríamos que declarar los que llebávamos 35años y en lugar de ir a mejor habíamos ido a parar a esa situación maquinal a todas luces insostenible?, pero el capitalismo tiene que dejar huella en los más recónditos lugares…
Despues “Pensamientos desordenados”, Intuiciones Precristianas, Escritos de Londres, Carta a un religioso, etc.
Desde entonces muchas cosas he aprendido de tod@s
los participantes en Atrio.
Saludos muy cordiales y agradecidos para todas y todos, Josefina
01-Febrero-2009
Para conocer mejor a Simone Weil que el libro que se cita, pueden consultarse estos libros de ella y sobre ella:
Título: El dulce canto del corazón : mujeres místicas desde Hildegarda a Simone Weil [Monografía] (2006)
Editorial/es:Narcea, S.A. de Ediciones
Título: Escritos esenciales [Monografía] (2000)
Autor/es: Weil, Simone (1909-1943)
Editorial/es: Editorial Sal Terrae
Título: Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social (1995)
Autor/es: Weil, Simone (1909-1943)
Editorial/es: Ediciones Paidós Ibérica, S.A.
Título: Pensamientos desordenados (1995)
Autor/es: Weil, Simone (1909-1943)
Editorial/es: Editorial Trotta, S.A.
Título: La gravedad y la gracia [Monografía] (1994)
Autor/es: Weil, Simone (1909-1943)
Editorial/es: Caparrós Editores, S.L.
Título: A la espera de Dios (1996)
Autor/es: Weil, Simone (1909-1943)
Editorial/es: Editorial Trotta, S.A.
Título: Echar raíces (1996)
Autor/es: Weil, Simone (1909-1943)
Editorial/es: Editorial Trotta, S.A.
Título: Carta a un religioso (1998)
Autor/es: Weil, Simone (1909-1943)
Editorial/es: Editorial Trotta, S.A.
Título: Escritos históricos y políticos [Monografía] (2007)
Autor/es: Weil, Simone (1909-1943)
Editorial/es: Editorial Trotta, S.A.
Título: Poemas seguidos de Venecia salvada [Monografía] (2006)
Autor/es: Weil, Simone (1909-1943)
Editorial/es: Editorial Trotta, S.A.
Título: La fuente griega [Monografía] (2005)
Autor/es: Weil, Simone (1909-1943)
Editorial/es: Editorial Trotta, S.A.
Título: Intuiciones precristianas [Monografía] (2004)
Autor/es: Weil, Simone (1909-1943)
Editorial/es: Editorial Trotta, S.A.
Título: El conocimiento sobrenatural [Monografía] (2003)
Autor/es: Weil, Simone (1909-1943)
Editorial/es: Editorial Trotta, S.A.
Título: Cuadernos [Monografía] (2001)
Autor/es: Weil, Simone (1909-1943)
Editorial/es: Editorial Trotta, S.A.
Título: Escritos de Londres y últimas cartas [Monografía] (2000)
Autor/es: Weil, Simone (1909-1943)
Editorial/es: Editorial Trotta, S.A.
OBRAS SOBRE SIMONE WEIL::
Título: Simone Weil : descifrar el silencio del mundo (1995)
Autor/es: Revilla Guzmán, Carmen
Editorial/es: Editorial Trotta, S.A.
Título: La guerra según Simone Weil [Monografía] (2008)
Autor/es: Larrauri, Maite
Editorial/es: Tàndem Edicions, S.L.
Título: Simone Weil : la memoria de los oprimidos (1992)
Autor/es: Bea Pérez, Emilia (1960- )
Editorial/es: Encuentro Ediciones, S.A.
Título: Simone Weil : acción y contemplación [Monografía] (2007)
Autor/es: Bingemer, Maria Clara Lucchetti (1949- ) ; Di Nicola, Giulia Paola
Editorial/es: Editorial Desclée de Brouwer, S.A.
Título: Simone Weil: una mujer absoluta (2006))
Autora: Gabriella Fiori
Editorial: Adriana Hidalgo Editora
Título: Simone Weil: Mística y Revolucionaria (2004)
Autor: Roberto Rondanina
Editorial: Ediciones San Pablo
01-Febrero-2009
Olvidé decir que la cita es de “Escritos de Londres” Trotta 2000
01-Febrero-2009
El pensamiento de Simone Weil es uno de mis referentes desde que la descubrí tras leer su biografía y posteriormente parte de su obra. Fue una mujer en constante búsqueda de la verdad y, fiel a ella, su misma vida fue de una radicalidad extraordinaria. De una gran capacidad intelectual y profundo conocimiento en filosofía, que le llevó incluso a interesarse por las Upanisad y que tradujo en parte directamente del sánscrito, su vida dio un giro hacia lo trascendente tras una experiencia mística, que le condujo a interesarse por el catolicismo aunque no llegó a bautizarse en solidaridad con todos los excluidos de la iglesia.
Su obra no deja indiferente, tanto por su estilo como por la claridad, originalidad y profundidad de su pensamiento.
Me atrae especialmente esa idea de la necesidad que de nosotros tiene Dios (”Él nos da su amor para luego mendigárnoslo”); la ausencia de Dios es su creación, citada en el artículo; la búsqueda del bien, que sólo existe en Dios:
“Hay una realidad situada fuera del mundo, es decir, fuera del espacio y del tiempo, fuera del universo mental del hombre, fuera del dominio que las facultades humanas puedan alcanzar.
A esta realidad responde, en el centro del corazón del hombre, esa exigencia de bien absoluto que siempre habita allí y que no encuentra jamás un objeto en este mundo.
Se hace igualmente manifiesta aquí abajo mediante los absurdos, las contradicciones insolubles, con las que siempre choca el pensamiento humano cuando se mueve solo en este mundo.
Al igual que la realidad de este mundo es el único fundamento de los hechos, así también la otra realidad es el único fundamento del bien.
Únicamente de ella baja a este mundo todo bien susceptible de existir, toda belleza, toda verdad, toda justicia, toda legitimidad, todo orden, toda subordinación de la conducta humana a las obligaciones.
El único intermediario por el que el bien puede bajar desde donde se encuentra a un medio humano lo constituyen quienes de entre los hombres tienen su atención y su amor puestos en ella.
Aun cuando se encuentre fuera del alcance de todas las facultades humanas, el hombre tiene el poder de dirigir hacia ella su atención y su amor.
Nada jamás puede hacer suponer que un hombre, sea quien sea, esté privado de ese poder. Ese poder no es algo real aquí abajo más que si se ejerce. La única condición para que se ejerza es el consentimiento.
Ese consentimiento puede ser formulado. Puede no serlo, ni siquiera interiormente, ni aparecer claramente a la conciencia, aun cuando tenga lugar realmente en el alma. A menudo de hecho no tiene lugar, aun cuando esté expresado en el lenguaje. Formulado o no, la condición única y suficiente es que de hecho tenga lugar.
A cualquiera que de hecho consienta en orientar su atención y su amor fuera del mundo, hacia la realidad situada más allá de todas las facultades humanas, le es dado conseguirlo. En este caso, tarde o temprano, desciende sobre él el bien que a través de él irradia a su alrededor.
La exigencia de bien absoluto, que habita en el centro del corazón, y el poder, aunque virtual, de poder orientar la atención y el amor fuera del mundo y de recibir el bien, constituyen juntos un vínculo que ata a la otra realidad a cualquier hombre sin excepción.
Cualquiera que reconozca esa otra realidad reconoce asimismo ese vínculo. A causa de él, considera a todo ser humano sin ninguna excepción como algo sagrado ante lo que está obligado a testimoniar respeto.
No hay otro móvil posible para el respeto universal de todos los seres humanos. Cualquiera que sea la fórmula de creencia o de incredulidad que le haya gustado elegir a un hombre, aquel cuyo corazón se incline a practicar ese respeto reconoce de hecho otra realidad que la de este mundo. Aquel para quien este respeto le es de hecho extraño, también la otra realidad le es extraña.”
Estudio para una declaración de obligaciones respecto al ser humano.
Profesión de fe
Es un poco largo, pero me parece que merece la pena. Gracias a Atrio por traer aquí a esta excepcional pensadora.
01-Febrero-2009
cuatro mujeres judías, víctimas del Holocausto: Edith Stein, Simone Weil, Ana Frank y Etty Hillesum, cuatro intelectuales europeas de la primera mitad del siglo XX, que, ante la amenaza del exterminio nazi, encontraron un modo común para expresar su resistencia: escribir. El estudio comparativo de sus escritos proporciona un conocimiento original y fascinante de su pensamiento y experiencia vital, agrupados por la autora en cuatro ámbitos:
http://www.librosaulamagna.com/libro/RESISTENCIA_ANTE_EL_HOLOCAUSTO:_EDITH_STEIN,_SIMONE_WEIL,_ANA_FRANK_Y_ETTY_HILLESUM/8422/4452
1934 y 1935 realizó su fantasía de ser obrera en la industria. Era torpe con las manos y la fábrica no resultó el soñado lugar de la alegría que la hubo atraído. Tampoco la mayor parte de los hombres parecían fraternos. Desilusionada, reforzó su pertenencia anarquista: estar contra el poder y los prestigios que lo rodean; oponerse a la política, que defiende buenos fines con malos medios; aceptar la fuerza como una necesidad social, un rasgo de su intrínseca maldad…Hay un famoso relato muy contado y publicado en internet, sobre una rememoraciòn de Simone de Beauvoir, sobre que por sobre su fama … lo que le impresiono a su antigua condiscipula, fue el llanto de Simone Weil ante la mortandad por la hambruna en China, el siglo dio mujeres excepcionales con una enorme valentia, con una gran libertad para buscar, luchar y construir…seres que en todo el mundo, llenaron el siglo de Libertad, de compromiso y muchas de ellas con martirio…Cuya obra y busqueda descubrimos hoy como un enorme aporte al pensar colectivo…Gabriel