Otra espiritualidad es posible
06-Julio-2007 Atrio- Frente a la decadencia de las grandes iglesias tradicionales, al pluralismo religioso que parece relativizarlo todo, a la secularización creciente en occidente caben dos posturas: el fundamentalismo identitario o la profundización espiritual en la que se une lo humano y lo divino y se encuentran todas las tradiciones religiosas. ATRIO está por la segunda opción que es la que presenta y defiende José Mª Vigil en este artículo de ÉXODO.
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LA COYUNTURA ACTUAL DE LA ESPIRITUALIDAD
Por Jose Maria Vigil
- teologoEXODO nº 88 – abril 2007
UNA MALA PALABRA
Espiritualidad, decididamente es una palabra desafortunada. Tenemos que comenzar abordando el problema de frente. Porque, ante este mismo número de la revista Éxodo, muchos lectores experimentarán su primera dificultad precisamente con esa palabra, ya en el título. Para ellos «espiritualidad» significa algo alejado de la vida real, misterioso, clerical, eclesiástico, inútil, y hasta quizá odioso. Se trata de personas que, legítimamente, huyen de viejos y nuevos espiritualismos, de abstracciones irreales, de malos recuerdos oscurantistas, y que no quieren tropezar dos veces en la misma piedra, ni perder el tiempo.
Y razón no les falta, porque incluso la palabra misma evoca, por su propia etimología, contenidos de infausto recuerdo. Espiritualidad, en efecto, deriva de espíritu. Y el espíritu es, clásicamente, lo opuesto al cuerpo, a la carne y a la materia. Las heridas causadas por los viejos dualismos cuerpo/espíritu, carne/espíritu y materia/espíritu, están todavía recientes, sin cicatrizar. En la mentalidad tradicional, activada automáticamente por la propia palabra, espiritual es lo que se aleja del cuerpo, de la carne, de la materia… Tanto más «espiritual» se es, cuanto más se prescinde del cuerpo, cuanto menos se vive «en la carne», cuanto menos contacto se tiene con la materia.
No es eso lo que hoy pensamos, pero es lo que lleva la propia palabra tanto en su propia naturaleza etimológica como en su historia, y épocas ha habido en las que la espiritualidad al uso ha hecho gala de fidelidad a esa anticorporalidad y antimaterialidad.
Hoy se sigue utilizando la palabra porque, a pesar de todo, está consagrada, y porque una vez hecha la advertencia de que no se quiere dar cabida en ella a esos componentes que su etimología alude, tiene sentido designar como «espiritualidad» a esa dimensión profunda del ser humano, que, en medio incluso de la corporalidad y la materialidad, transciende las dimensiones más superficiales y constituye el corazón de una vida humana con sentido, con pasión, con veneración de la realidad y de la Realidad: con Espíritu.
DISTINCIÓN NECESARIA FRENTE A LA RELIGIÓN
Además de distanciarnos del concepto clásico de espiritualidad, debemos tomar distancia también de un concepto muy vecino, el de «religión». Antiguamente, la espiritualidad se consideraba encerrada en el campo de la religión. Las iglesias y la teología nunca consideraron que fuera de ellas hubiera espiritualidad. Los «santos paganos», los valores éticos de un Séneca o de los sabios y maestros espirituales fuera del cristianismo, no podían alcanzar a tener más que lo que se podría llamar «virtudes naturales», no realmente «espiritualidad». Hoy, este monopolio religioso de la espiritualidad ya no es defendido ni por la teología.
Más aún, el concepto que hoy tenemos de la religión la diferencia cada vez más de la espiritualidad. Esta puede darse más allá de la religión, y la religión, a su vez, puede ser vivida sin espiritualidad. Desde una perspectiva antropológico-cultural, la «religión» es más bien una forma concreta que la espiritualidad de siempre del ser humano ha revestido en los últimos 5.000 años, en el neolítico, porque las religiones, contra lo que ellas piensan, no son «de siempre». Las religiones, lo que ahora conocemos por tal, como las conocidas grandes religiones mundiales, son realidades relativamente recientes. La humanidad ha vivido muchas decenas de miles de años más sin religiones, que con religiones. Históricamente hablando, las religiones son «de ayer».
Con la revolución agraria el ser humano abandona la forma de vida nómada de las tribus y las hordas y se sedentariza, construyendo las primeras formas sociales urbanas, y es en ese momento de construcción de la sociedad agraria cuando surgen las religiones. La espiritualidad de siempre del ser humano adquiere entonces la conocida forma de las «religiones» modernas, que asumen una función programadora central en el control de la sociedad y en la socialización del ser humano. La religión viene a ser como el software de programación de los miembros de la sociedad: ella les da la cosmovisión más amplia, su identidad, la conciencia de pertenencia, los grandes relatos que organizan el bien y el mal frente a un posible caos ético, y sobre todo la internalización de la autoridad y de la obediencia como los resortes de poder imprescindibles para manejar y hacer viable una sociedad.
Ante esta situación se hace imperioso restablecer conceptualmente una clara distinción entre las religiones y la espiritualidad. No son lo mismo. La espiritualidad es mucho más amplia que la religión. La espiritualidad no es, como se ha pensado tradicionalmente, un subproducto de la religión, una cualidad que la religión produciría en sus adeptos; por el contrario, es la religión la que es simplemente una forma de las muchas en las que se puede expresar esa realidad omniabarcante y máximamente profunda que es la espiritualidad, que se da en todo ser humano, antes y más abajo de su adhesión a una religión.
David Hay afirma que «dos de cada tres adultos tienen una espiritual personal, mientras que menos de uno de cada diez se preocupa de ir a la Iglesia regularmente». Lo que está en crisis en la actualidad no es lo espiritual, sino, simplemente, algunas formas de lo religioso, concretamente las religiones institucionales tradicionales.
Más importante para la humanidad que la religión es y ha sido siempre la espiritualidad, una dimensión que ha brotado en el creciente cúmulo de conocimientos y experiencias culturales, antropológicas y religiosas adquiridas por nuestra especie a lo largo de su larga y trabajada historia.
LA CRISIS DE LA RELIGIÓN
«La crisis de la religión en los países occidentales de tradición cristiana, especialmente en Europa, es un hecho unánimemente reconocido. A esta situación objetiva corresponde un evidente malestar en los sujetos que intentan seguir viviendo religiosamente en el actual momento sociocultural».
Las religiones, y concretamente el cristianismo, están en crisis, en una grave crisis que hunde sus raíces en un proceso que ya cuenta varios siglos. Hoy, simplemente, la crisis se hace más ostensible que nunca.
No sólo sus instituciones están en crisis: también los sujetos que tratan de vivir esa fe con la mejor buena voluntad sienten el malestar, una sensación de que algo muy profundo no marcha. Juan Bautista Metz ha hablado de la «crisis de Dios» (Gotteskrise), para indicar que la crisis afecta a la raíz misma de la religiosidad. Martín Buber habla del «eclipse de Dios». Küng la considera «crisis epocal». No es pues un punto aislado, algún elemento suelto o alguna dimensión concreta, lo que está en crisis; es el conjunto, la estructura y el ambiente lo que ha entrado en esta crisis inédita.
Un primer rasgo de la crisis puede ser conceptualmente aislado en lo que llamamos el proceso de «secularización», que atañe a la pérdida de vigencia y relevancia del factor religioso en la sociedad y en la cultura. La religión, que estuvo en la cima de la escala de valores sociales aceptados, ha venido siendo sustituida gradualmente por la ciencia, por otra racionalidad. El espacio social para la religión se estrecha de forma que queda actualmente reducido al ámbito del culto y de las agrupaciones religiosas específicas. La religión queda condicionada a la opción personal de los individuos y recluida al campo de la conciencia, con la consiguiente reducción de su influjo en todas las esferas sociales.
Pero no es sólo en lo social donde se da esta crisis por efecto de la secularización, sino que la crisis se ha instalado dentro mismo de la institución. En efecto, una porción creciente de sus propios adherentes se distancian de la ortodoxia oficialmente vigente en la iglesia a la que pertenecen, así como de las prácticas religiosas consideradas oficiales. Por otra parte, la moral oficial de las instituciones religiosas no sólo no es practicada por sus miembros, sino que tampoco es aceptada por ellos como criterio. Son mayoría cada vez mayor quienes aunque dicen creer no creen pertenecer o dejarse reglamentar por dicha religión. Se está produciendo un proceso creciente de «desregulación institucional del creer», por el que «la imposición del sistema de normas éticas está siendo sustituido por una regulación individual de dicho sistema con elementos tomados de distintas tradiciones religiosas, dando así lugar a una ‘religión a la carta’».
Se da además la presencia de dos fenómenos contrarios. Por una parte la increencia, fenómeno relativamente moderno pero creciente en la historia; se suele denominar como increencia poscristiana, queriendo expresar que el Dios rechazado es precisamente el Dios de los cristianos. Por otra parte, el fenómeno muy vivo del surgimiento de los llamados «nuevos movimientos religiosos», sumamente variados y florecientes. Se juntan pues la aparente languidez y hasta desaparición de la religiosidad y la práctica de una «religiosidad salvaje» e incontenible.
Como se ve, la crisis es compleja, y esos datos contradictorios hacen posibles los diagnósticos más dispares: mientras para algunos la religión está desapareciendo y el ser humano está cayendo en el ateísmo y el nihilismo, para otros estamos en un «retorno de lo sagrado», en un momento de indudable efervescencia religiosa. En estas circunstancias tiene mucha importancia el «lugar desde el que» se observa la realidad. Las instituciones religiosas oficiales no están, ciertamente, en la posición que proporciona la mejor perspectiva; tal vez por eso sus diagnósticos son sistemáticamente negativos y hasta agresivos.
DIAGNÓSTICO
Los estudiosos de la religión desde sus diversos aspectos (antropólogos, sociólogos, teólogos, etc.) parecen ir acercándose en los últimos tiempos a un juicio más comúnmente aceptado, que podríamos sintetizar en los siguientes puntos:
-La crisis no se da genéricamente con lo religioso -en el sentido amplio de dimensión religiosa del ser humano-, sino específicamente con las religiones. El papel de las religiones en la sociedad moderna y su aceptación en la sociedad avanzada es lo que realmente está en crisis.
-No se trata, en absoluto, de la desaparición de la religiosidad profunda, como precipitadamente vaticinaron algunos hace tiempo; la espiritualidad del ser humano, de una forma u otra, va a permanecer.
-Se trata de una crisis muy fuerte para las religiones tradicionales históricas que hace tiempo se encuentran desorientadas, han perdido en buena parte el contacto con la realidad, no aciertan a comunicarse adecuadamente con la conciencia moderna de sus adherentes, y están en situación de permanente quiebra y deterioro, sin que se pueda prever cuál va a ser el resultado de su crisis.
-Se registra una formidable emergencia de nuevas formas religiosas que evidencian que la potencia espiritual de la humanidad sigue vigente y en buena forma, potencia que, ante la incapacidad de las formas tradicionales religiosas tal vez superadas, puja por expresarse con creatividad en respuesta todavía desreglamentada al hambre espiritual de esa humanidad que incluso puede decirse simultáneamente atea o increyente.
-En definitiva: las religiones están en crisis, pero la espiritualidad parece gozar de buena salud, al menos de una gran vitalidad.
¿FIN DE LAS RELIGIONES?
Hay algunos autores que están lanzando -sobre todo desde el campo de la antropología cultural y de la fenomenología de las religiones- una hipótesis arriesgada: las religiones (las de estos 4500 últimos años, las que hemos llamado «religiones universales») serían sólo una forma concreta que ha revestido en este período histórico la espiritualidad permanente del ser humano.
Antes de esos 4500 años no había «religiones», sino que el ser humano vivía un tipo de religiosidad o espiritualidad muy diferente. Durante todo el Paleolítico no ha habido religiones (lo que hoy conocemos con este nombre), sino sólo religión o espiritualidad. Las «religiones» han aparecido concretamente en el período posterior al comienzo de la revolución agraria, y han sido una forma religiosa esencial a las formaciones sociales agrarias, desde entonces.
Para Mariano Corbí, la clave para entender la crisis actual de las religiones en el Primer Mundo no es la quiebra moral de la sociedad moderna, ni el materialismo de las sociedades del bienestar, ni la simple autonomía de las realidades terrestres (secularización). La clave está en que las religiones aparecieron en una época determinada de la historia, en una formación social concreta, la sociedad agraria, y en ella ejercieron funciones de control social, de programación colectiva, de cohesión, de refuerzo ideológico autoritario… hasta constituirse en piezas esenciales de ese tipo de sociedad agrario. La religiosidad o espiritualidad del ser humano se había expresado en el Paleolítico de una determinada manera, y en la época agraria se dio una transformación radical: la misma religiosidad o espiritualidad fundamental -la que acompaña al ser humano por su propia naturaleza-adoptó una forma enteramente nueva, en simbiosis profunda con el tipo de sociedad agraria: la religiosidad de creencias.
Otra hipótesis, convergente, gira en torno al «tiempo axial» que se produjo en el primer milenio antes de Cristo. Es un período de unos 6 siglos en el que se formó la conciencia religiosa moderna. Ese tiempo puede considerarse «eje» porque en él se fraguó lo que la humanidad ha llegado después a ser. Todavía hoy la humanidad vive de las consecuencias de aquel privilegiado momento acelerado de humanización. La religiosidad preaxial -durante varias decenas de miles de años- era una religiosidad tribal, de clan, en la que el sujeto no tenía individuación religiosa ante la divinidad, sometiéndose simplemente al movimiento comunitario para aplacar a los dioses o conseguir protección ante los desastres naturales. En la religiosidad «postaxial» el ser humano cobra su identidad individual total e intransferible: él es el que se define ante Dios, el que tiene que «salvarse» personalmente, sin disolverse en el clan o la tribu, ni siquiera en la comunidad.
Las dos hipótesis se complementan y nos desafían: ¿será que la actual crisis de la religión -de la que hemos hablado más arriba- se estará debiendo a que en el fondo de la transformación de la historia actual se estaría produciendo «un nuevo tiempo axial»? Es creciente el número de autores que se pronuncian a favor de esta posibilidad: estamos en un tiempo axial, en el que van a quedar superadas las religiones de la época agraria, y aparecerá tal vez una religiosidad «deuteroaxial», más allá de las religiones (agrarias) que hemos conocido hasta ahora, es decir, tal vez una «espiritualidad sin religión», sin que hoy sepamos qué contenido concreto corresponderá a ese nuevo tipo de espiritualidad. Será el futuro quien nos irá descubriendo hacia qué tipo de espiritualidad nos estamos dirigiendo como colectivo humano hoy ya inevitablemente mundializado. Corbí lo dice gráficamente en los títulos de sus libros: será una «Religión sin religión», «Más allá de las formas religiosas» (actuales).
ESPERANZA LÚCIDA: ARS MORIENDI
Así como la crisis de la cristiandad no era la crisis del cristianismo, sino sólo la crisis de una de sus formas, igualmente, la crisis de las religiones es sólo crisis de las religiones, no de la espiritualidad. No se hunde el mundo; simplemente cambia. Puede ser una crisis de crecimiento. Hay lugar para la esperanza y el optimismo.
Optimismo y esperanza que no son ingenuos, sino que incluyen y aceptan, lúcidamente, la posibilidad de la muerte. La crisis actual de la religión avanzada no es una crisis superficial, ni pasajera. Tal vez es terminal. Y ante una situación en la que nos confrontamos con la posibilidad de una situación terminal, un gran acto de esperanza es aceptar la gravedad de la situación y prepararse para «saber morir», o sea, para morir con sentido, sin amargura, aceptando la inevitabilidad de la muerte, comprendiendo su secreto sentido fecundo. Morir dando vida, o sea, convertir la propia muerte en ocasión para ayudar a que germinen nuevas formas de vida. Morir «dando a luz», en definitiva.
Ars moríendi, arte de morir, nueva asignatura para muchos viejos practicantes de las religiones, que nunca se habían confrontados con esta posibilidad, confiados como estaban en la «indefectibilidad» de su religión «hasta el fin de los siglos». ¿Y si esa indefectibilidad, esas promesas de supervivencia asegurada hasta el final de los siglos, como las infalibilidades, las exclusividades salvíficas, las superioridades absolutas o las unicidades, resultara ser otro espejismo, un efecto óptico epistemológico, o un simple «sueño dogmático religioso» del que debiéramos despertar sin sobresalto?
Hay muchas cosas en las religiones que están muriendo, que van a morir inevitablemente; más: que es bueno que mueran, que cedan el puesto y el paso a nuevas iniciativas de vida. Es ley de vida, y de muerte, su sombra indespegable. En la calidad de su muerte -su ars moríendi- van a revelar finalmente la calidad de lo que era su vida.
Si las religiones mueren por habérseles pasado su tiempo -su kairós- podrán no obstante dejar a la humanidad en legado lo mejor de sí mismas: la espiritualidad que vehicularon y que con frecuencia sofocaron. Nada grave habrá pasado. La espiritualidad, libre ya de la tutela y de la represión que las religiones han ejercido sobre ella, podrá volar libre y plenamente (y «caóticamente») creativa.
ESPIRITUALIDAD LAICA
En todo caso, qué vaya a pasar en un futuro con las religiones cuando, más pronto que tarde, la sociedad mundializada se convierta mayoritariamente en lo que se suele llamar «sociedad del conocimiento», no es una hipótesis teológica o mítica, sino simplemente una posibilidad histórica, nada inverosímil hoy por hoy. Esta posibilidad, oteada hoy en el horizonte por primera vez, nunca antes contemplada en el horizonte teológico, es un desafío adicional para la teología, que se ve una vez más urgida a replantear los conceptos mismos de religión y de espiritualidad: ¿es la religión sólo una «forma» de la espiritualidad (coyuntural, pasajera, contingente, ligada a una época de la humanidad, a unas posibilidades epistemológicas y sociales determinadas)? ¿Qué y cómo será la espiritualidad cuando no haya religión, cómo será la espiritualidad pos-religiosa? ¿Hasta qué punto la espiritualidad del futuro, y la espiritualidad verdadera, tiene que ser ya, incluso hoy día, una espiritualidad laica?
En primer lugar están pues los motivos netamente histórico-socio-religiosos: parece que vamos hacia esa situación, es una posibilidad sociológica real, aunque vaya contra los axiomas teológicos o los dogmas sobre la indefectibilidad de la Iglesia.
En segundo lugar, la situación concreta de la religión en Occidente está forzando esta posibilidad. La brecha entre las religiones y la modernidad, tras un período de bonanza a mediados del siglo pasado, continúa firme e insalvable, con la novedad de que esta vez la feligresía toma la iniciativa del exilio voluntario. Aunque la inmensa mayoría de los tales autoexiliados lo hayan hecho en silencio y por la puerta de atrás, sin querer plantear polémica con una institución en cuya posibilidad de diálogo no creen en absoluto, la defección masiva, millonaria, no tiene nada de silenciosa, sino de gravemente clamorosa. Se puede hablar de una verdadera «implosión», aunque, como todos los grandes fenómenos históricos, se realice aparentemente a cámara lenta. Es bien razonable pensar que los voluntariamente exiliados se han marchado no por falta de espíritu, de espiritualidad, sino precisamente por lo contrario: por insatisfacción insoportable con el espíritu que respiraban dentro de la institución religiosa, lo que les ha llevado a buscar otra realización espiritual de su existencia, ahora en propuestas espirituales libres, laicas, fuera de los ámbitos religiosos institucionales.
Pero en tercer lugar, el futuro de la espiritualidad se acerca cada vez más a lo que podemos llamar «espiritualidad laica» por una razón más intrínseca y nada coyuntural. Por algo que podríamos llamar también «la vuelta a las fuentes», que no es otra cosa que recolocar la espiritualidad en su lugar natural: la profundidad existencial de la persona humana. La espiritualidad (¡ay cómo nos sigue chirriando la palabra, por su etimología y su historia!) no es una dimensión «religiosa», sobreañadida al ser humano. No es algo que tenga que ver esencialmente con el mundo de las religiones. Es una dimensión «natural» del mismo ser humano, elemento integral de su plena realización. El «espíritu» (mejor el sustantivo concreto que el abstracto) del ser humano es la misma «dimensión de profundidad», como decía Paúl Tillich. No es nada contrapuesto al cuerpo ni a la materia, ni a la vida corporal, sino lo que los inhabita y les da fuerza, vida, sentido, pasión. La realización plena del ser humano, su apertura a la naturaleza, a la sociedad, a la contemplación del misterio… su realización espiritual, en una palabra, es una realidad plenamente humana y plenamente natural, y absolutamente ligada a todo ser humano. No hace falta ser «religioso» para atender a la propia realización espiritual, ni hace falta pertenecer a una determinada religión. Basta ser un ser humano íntegro y reivindicar la plenitud de las propias posibilidades humanas. La espiritualidad es pues una cuestión netamente laica.
En este sentido la espiritualidad es un elemento constitutivo de la persona humana, de toda persona humana, y no es un departamento religioso confesional (aunque podrá vivirse en él) ni un segundo piso metafísico-sobrenatural (aunque esa categorización concreta ha servido a muchos, durante siglos, para dar forma a su compreensión de la espiritualidad). La espiritualidad está tan identificada con el mismo ser profundo de la persona, que espiritualidad viene a ser la calidad humana. Y cultivar la espiritualidad será lo mismo que cultivar la calidad humana. Marià Corbí llega a formular el núcleo de todo método de cultivo de la espiritualidad como IDS: interés, desapego y silenciamiento, una formulación liberada de toda connotación «religional».
CONVERGENCIAS
Con este planteamiento laico, autónomo, liberado de la tutela de las religiones, convergen hoy movimientos espirituales provenientes de los más variados frentes.
La ciencia moderna, concretamente las ciencias físicas, y muy específicamente la física cuántica, ha puesto sobre la mesa la posibilidad de un nuevo acceso a lo religioso desde la ciencia misma. La iniciativa es laica, y es tan autónoma e independiente que las religiones de hecho no han tenido todavía capacidad para acogerla ni discernirla. Se han escrito multitud de estudios poniendo en diálogo la percepción que los físicos cuánticos tienen de la realidad subatómica y la el lenguaje mismo que los místicos elaboran sobre su percepción del misterio. Y no es el mundo religioso el que ha liderado la incursión en este campo novedoso, sino el mismo mundo científico.
La microbiología del cerebro ha dado un salto revolucionario en los últimos años. Así como hace bien poco Colleman lanzó la propuesta de un nuevo tipo de inteligencia, la «inteligencia emocional», frente al hasta entonces único tipo de inteligencia, el medido por el C.I. o cociente intelectual, recientemente, científicos como Danha Zohar han lanzado la tesis de la «inteligencia espiritual», una dimensión psicológica y también biológica, con base cerebral, que evidencia la capacidad del ser humano para las vivencias del sentido y de la experiencia religiosa, que tiene su localización cerebral concreta en lo que estos científicos han llamado «el punto Dios». La espiritualidad ha dejado de ser un misterio «sobrenatural», impropio de la ciencia o de la razón humana, excluido de los planteamientos «de la simple razón». La espiritualidad se muestra más bien -incluso neurobiológicamente- como una capacidad concreta de todo ser humano, que, si no es llevada a realización, redundará inevitablemente en un ser humano incompleto, atrofiado o amputado en esta su dimensión espiritual.
UN MUNDO AL REVÉS
La liberación de la espiritualidad frente a la tutela religiosa se está dando ya. De hecho, parece claro que en Occidente, las iglesias cristianas hace tiempo que tienen vacío el armario de las propuestas espirituales. El cristianismo occidental hace mucho tiempo que dejó de ser mistagógico (iniciador al misterio, a la experiencia religiosa), y parece incapaz no sólo de avanzar hacia el futuro, sino al menos de actualizarse y de dialogar con los contemporáneos. La creatividad en la espiritualidad emigró hace tiempo de las religiones y de las iglesias, y se manifiesta en los lugares más inesperados y periféricos. Los grandes buscadores de espiritualidad andan huérfanos -aunque afortunadamente libres- buscando, sin ningún apoyo de los profesionales «oficiales» de las iglesias y de las religiones; al contrario: son incomprendidos, menospreciados y hasta condenados por la oficialidad.
En este sentido el mundo religioso parece un mundo al revés: los profesionales de la religión andan anquilosados, a cuestas con una institución declarada en quiebra permanente, mientras el Espíritu tiene que soplar no donde quiere, sino donde puede. Si alguien quiere hacer un estudio o una experiencia sobre las grandes líneas nuevas de espiritualidad en la humanidad actual, es obvio que no debe ir a los institutos teológicos dedicados a la espiritualidad que sólo le harán volver su mirada hacia el pasado, y le alejarán de los experimentos vivos de frontera, de la salvación, o una forma de escribir recto con líneas torcidas? ¿Será que algo tiene que morir para que realmente pueda nacer algo nuevo?
¿Habremos de entender esta situación necesariamente como algo negativo, degenerativo, apocalíptico, o es posible leerlo positivamente? Deberíamos intentarlo.
LO MÁS URGENTE ES CAMBIAR LA ESPIRITUALIDAD
Recientemente Andrés Pérez Baltodano escribió un artículo que titulaba: «Lo más urgente en Nicaragua es cambiar la imagen de Dios». Bajo este llamativo título argumentaba muy convincentemente que la imagen de
Dios providencialista, fatalista, tapaagujeros, castigador y todopoderoso, era sin duda, a lo largo de la trabajada historia de Nicaragua, el factor que más energías de transformación social había desmovilizado, el factor que más había justificado la pasividad y la fatalidad de los pobres, así como el desentendimiento de los ricos frente a la pobreza nacional. El artículo formaba parte de un grueso libro en el que el autor repasaba la entera historia del país comprobando esta realidad.
Como Pérez Baltodano con la imagen de Dios, debemos hacer todos con la espiritualidad. En el mundo actual -tendríamos que decir- no hay nada tan urgente como cambiar la espiritualidad, o sea, la imagen vivida de Dios, la Utopía (la imagen del mundo posible). Frente a los tiempos en los que se despreciaba la eficacia social de lo religioso, reivindiquemos su valor transformador. Para que se logre el otro mundo posible no hay nada tan urgente como cambiar la espiritualidad de la humanidad. El presente número de Éxodo se concentra sobre cuatro grandes focos de cambio espiritual que pueden redundar, sin duda, en un cambio radical del mundo. •
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16-Noviembre-2009
Por si fuera de vuestro interés, os paso esta información sobre un próximo encuentro con Marià Corbí que se realizará en Madrid.
Un saludo,
Ada Galán
Curso ESPIRITUALIDAD LAICA Y CULTIVO DE LA CUALIDAD HUMANA, con Marià Corbí DOMINGO 17 DE ENERO DE 2010, 10-14H.
Programa
10-12. Exposición teórica y coloquio con los asistentes
Marià Corbí planteará la necesidad de una espiritualidad laica o, en sus propios términos, de una cualidad humana profunda, heredera del cultivo de las grandes tradiciones religiosas y espirituales de la humanidad, pero sin creencias ni religiones, y en una sociedad globalizada en la que todas las tradiciones son ya nuestras. El Dr. Corbí partirá del análisis de la estructura de la lengua, como factor diferenciador de nuestra estirpe humana, y desde ahí analizará el papel de los mitos, símbolos y rituales como sistemas de programación de los colectivos en las sociedades preindustriales y pondrá de manifiesto que cada vez que hay un cambio de modos de sobrevivencia, hay cambio mítico-simbólico y cambio religioso. Seguidamente, analizará la estructura de las nuevas sociedades que viven de la creación continua de conocimientos y tecnologías para ver sus consecuencias en los antiguos sistemas de programación, que eran también vehículo de expresión de la sabiduría y la cualidad humana honda durante miles de años. La conclusión es que las sociedades que viven de cambiar continuamente no pueden tener acceso a una espiritualidad vehiculada por estructuras apoyadas en sistemas de creencias que bloquean el cambio. Si no queremos perder el legado universal de nuestros antepasados y si queremos dar una base sólida de cualidad humana a las nuevas sociedades, hemos de buscar la manera de hacer viable una espiritualidad laica, que no empiece de cero, sino que recoja la herencia de las religiones y espiritualidades de la historia humana.
12-14. Práctica de silencio.
Marià Corbí explicará un ejemplo de cultivo de la cualidad humana profunda con el método Jñana Yoga (crear silencio en la mente mediante la misma mente) y guiará a los asistentes en un ensayo de meditación de la escuela hindú “vedanta advaita”, que procede sin creencias y sin dioses. Tras el ejercicio, habrá tiempo para comentarios y preguntas.
Destinatarios
Público en general interesado en la materia.
Marià Corbí
Doctor en Filosofía y director del Centro de Estudio de las Tradiciones Religiosas (CETR) de Barcelona. Ha sido profesor de ESADE y de la Fundación Vidal y Barraquer. Ha dedicado su vida al estudio de las consecuencias ideológicas y religiosas de las transformaciones generadas por las sociedades de la innovación o sociedades post-industriales. Entre sus publicaciones cabe destacar: Proyectar la sociedad, reconvertir la religión (Herder, 1992), Conocer desde el silencio (Sal Terrae, 1992), Religión sin religión (PPC, 1996), El camino interior más allá de las formas religiosas (Bronce, 2001. Editorial Viena para la edición en catalán), Métodos de silenciamiento (CETR, 2006), Hacia una espiritualidad laica: sin creencias, sin religiones, sin dioses (Herder, 2007). Más información en www.cetr.net.
Precio
General: 50 €
Socios de ASEPRAF: 30 €
Lugar
C/Pisuerga, 3 - Madrid
Certificación
Los alumnos que así lo soliciten recibirán un Certificado de Realización y Aprovechamiento expedido por ASEPRAF.
Inscripción
Hasta el 15 de diciembre, enviando un correo a asepraf@asepraf.org, con el asunto CURSO CORBÍ.
www.asepraf.org
información y consultas: asepraf@asepraf.org
20-Enero-2008
Muchas gracias por el autor de este texto y por los comentarios del foro.
Hace 9 años que me reconocí musulmán, y desde entonces entendí el islam como la búsqueda constante del ser humano de su espiritualidad latente. En ese trabajo estoy. Recito el Corán, hay muchas aleyas que te piden a gritos que penetres en tu interior, que despiertes. Leo también muchas otras cosas, me interesa todo lo que me pueda ayudar: desde la tradición nativa norte-americana, pasando por el evangelio, y por el tao, por la película “Y tú que sabes”. En estos últimos tiempos he confirmado mi intuición de la gran diferencia entre espiritualidad y creencia. Cuando digo a la gente que no soy creyente, me miran extrañados. Pues sí, me sobra creencia, me falta espiritualidad. Y la gente busca la espiritualidad, le sobra religión y creencias. Ánimo y adelante, buscad, tened paciencia.
Un abrazo muy afectuoso,
Juan Miguel
20-Enero-2008
JANINA
Para mi, el hecho de haber encontrado en este artículo lo que ciegamente buscaba, me ha dado razón para poder seguir satisfactoriamente mi vida. Muchísimas gracias
24-Julio-2007
El artículo me ha parecido interesantísimo y estimulante.
Es verdad que la espiritualidad (como era antes entendida)fue secuestrada por las religiones; pero vista como la ha comentado Vigil, la espiritualidad es algo tan inherente al ser humano cono el hambre. En este caso, la espiritualidad es hambre de sentido, hambre de trascendencia, hambre de verdad.
Felicidades por el artículo, estoy segura que ayudará a muchas personas a reflexionar sobre el tema y a esperar algo cada vez mejor del ser humano.
Atentamente.
Lourdes.
P.D. Me gustaría saber el nombre de los escritos de María Corbí y de Danha Zobar, ambos mencionados en el artículo. Gracias.
09-Julio-2007
Gracias, Asun, me parece todo muy sensato. En realidad se puede decir que casi todos son principios, más o menos conocidos, de autoayuda psicológica, pero realmente por ahí se empieza.
Muchas gracias.
09-Julio-2007
Sofía creo que te refieres a las 4 actitudes de las que habla el libro “Vivir lo que Somos”. Pues bien ahí van:
-Vivir en presente. Algunas citas:”Si pudiéramos atender con plenitud a la vida, nada nos sería rutinario y tedioso”. (M. García Baró)”Quien no vive en presente, malvive en la ignorancia y, por tanto, en el sufrimiento”.(E.Martínez Lozano)
-Vivir en profundidad, o lo que es lo mismo, Vivir en Dios. “Aún en medio de los placeres más mundanos, el ser humano está buscando a Dios”(E. Gilson). “DIOS NO BUSCA SER ADORADO, SINO SER VIVIDO”(E.Martínez Lozano)
-Vivir en fraternidad y solidaridad. “Todos somos órganos de un mismo cuerpo” (Pseudo- Basilio, monje del siglo IV).
-Vivir constructivamente lo que nos hace sufrir:
6 actitudes constructivas. Resumo: Acogida, Aceptación, Diálogo con el niño interior, Desdramatizar, Traducir el malestar en dolor, Desidentificarse por medio de la observación. “Mientras la vida sea placentera, no deseamos complicarnos la existencia. Sólo cuando las cosas van mal asumimos la necesidad de cambiar. quizá sería deseable entrar en crisis cuanto antes; lo suficiente para que eso nos haga tomar conciencia”(P. Russel)
El camino de la meditación ayudará a hacer operativo y eficaz lo anterior. “Todo está en todo”(Nicolas de Cusa).
Y como conclusión,”el pensamiento divide y separa. Sólo existe una Conciencia y todos somos expresión de ella” (E. Martínez Lozano).
El libro se ha ido elaborando a partir de diferentes experiencias vividas en distintos y diversos grupos geográficos a lo largo de un año. P.D.- Lo de las citas no lo he podido evitar. Lo siento si me he alargado. Siempre cerca.
09-Julio-2007
GRACIAS por publicar este artículo tan interesante. Yo creo que estamos en tiempos de vivir la espiritualidad de primera mano, a través de experiencias, sean de la vida misma o buscadas, individual o grupalmente, vía religión, terapias de la nueva era, etc.
Estoy de acuerdo en que la religión es sólo una “forma” de la espiritualidad, y que es importante volver a la esencia e integrar en nosotros y compartir aquello que es común a todas las religiones: Amor, respeto, perdón, alegría… Acabo de leer un libro -a mi parecer escrito con el corazón- que quizás a alguien le pueda interesar: “El yoga de Jesús: la experiencia del Reino de Dios”, de Nityananda (no habla para nada de yoga físico, sino de conciencia, experimentar el Ser Divino). Muy recomendable.
07-Julio-2007
Sofia:
No sé quién es Cardozo-
El Cardozo citado quería ser Honorio Cadarso en el comentario anterior al mío.
Gracias. Tengo que pulirme las uñas!
07-Julio-2007
Es precisamente el espacio que nos abre la puerta de Atrio en donde queda reflejado ese malestar del que nos habla el autor en su artículo y que se produce en la encrucijada del intento de seguir o no viviendo religiosamente a pesar de esta inequívoca crisis religiosa que nos envuelve a todos.
Sin duda, en el mundo, el hombre es el crisol que experimenta la realidad en su ser y cuando en el tiempo ella ya no es la misma para precisamente seguir siéndole como tal, él, el hombre, debe con todas sus capacidades abrirse a los tiempos (paradigmas) para evitarse sufrimientos inútiles.
Es cierto, sin embargo, que pese a la crisis, no está dicho en ninguna parte ni lo dice el autor en su artículo que el ámbito de lo religioso esté agotado y que por tanto tengamos que mirar hacia otro lado. No, se trata a mi modo de entender de una crisis que lleva consigo sus propios indicadores.
En algún lugar del escrito he extraído una reflexión que se podría dar la mano con otras que extraje tiempo atrás de otros autores y que para expresarla de forma resumida vendría decir algo así como que entre los mejores científicos actuales ya hay quienes amplían el concepto del término “fisíco” es decir, que se empieza a comprender el hecho de que hoy se puede ser físico y no ser materialista.
De ahí se deduce que cuando el cientificismo invadió la esfera de lo religioso fue cuando la religión armó de conceptos y añadiduras dogmáticas a lo que debía seguir siendo exclusivamente dimensión espiritual y dejar que llevase su propio desarrollo en el tiempo, es decir llevar a culminación su dar de sí en el mundo frente al monstruo de la ciencia.
Pero si actualmente y mientras las religiones decaen la ciencia amplia su visión de las cosas puede ser que ambas, ciencia y religión puedan abrazarse algún día. Es el síntoma de la espiritualidad que empieza ya a sacar cabeza buscándose lugar en el mundo.
07-Julio-2007
Agredezco a Atrio este artículo. Es una buena pista para mirar el futuro y me ayuda a situar lo que adivinó Rhaner cuando dijo aquello de que el cristiano del siglo XXI o será místico o no será cristiano. Reconozco de todas maneras que es este un campo en el que no hago pie. Nunca he comprendido qué son las vivencias de los místicos y aquello que dijo Jesús sobre la presencia de Dios dentro de cada uno de nosotros: Iremos a él y haremos morada en él, dijo Jesús. De todas maneras es apasionante este momento de cambio paradigmático en que nos encontramos,en el que vivimos a la intemperie respecto a las antiguas seguridades y buscamos en medio de la oscuridad sin desfallecer y sin perder la sonrisa. Nos queda aquello de Sé de quién me fío, aunque lo haga entre la niebla.
07-Julio-2007
Joxema,
¿Quién es Cardozo? Pregunto por si tú no has caído aún en la fase de silenciamiento.
Del resto de lo que se ha dicho, mejor Honorio que Arias.
Ya debe ser tarde, incluso allá
Bihar arte
06-Julio-2007
EL GEN DE DIOS
Se tiende hoy a la armonización entre ciencia y religión,según una nueva corriente de interpretación,se puede llegar a unir ambos extremos. La genética,por ejemplo,que conserva el código originario de los seres vivos,y los mecanismos bioquímicos que liberan sustancias en el cerebro y alteran la percepción,los monjes budistas cuando meditan,al sentir la sensación de trascendencia se producen modificaciones en sus mecanismos cerebrales.
Según D.Hamer el gen VMAT2 activaría circuitos capaces de liberar en el cerebro cierto tipo de componente químico relacionado conla “sensibilidad emocional”.Para el científico norteamericano,”la espiritualidad es una de las herencias humanas fundamentales,casi un instinto. Según este autor,existiría un conjunto de genes,que él llama “gen de Dios”,responsables de una mayor o menor disposición de las personas a la espiritualidad. A mayor desarrollo de ese gen,más inclinación a lo religioso,quién no lo tiene desarrollado,deberá esforzarse más.Según el profesor de Harvard,la función de los llamados genes divinos es biológica. Ayudarían a perpetuar la especie al conferirnos un estado de bienestar y de felicidad conciliable con la inevitabilidad de la muerte. Así entonces,la religiosidad está llamada a aceptar mejor la existencia mediante la producción de estados de ánimo de mayor paz y felicidad.
Religión sería todo lo que ayuda al hombre a perfeccionarse y buscar la serenidad interior y exterior exorcizando incluso el dolor,así religiosos serían,la música,la contemplación de la naturaleza,la meditación,el amor por los hijos y por el prójimo.
Pero me gusta más esta definición: Cada latido del corazón humano,cada respiración de un animal de la selva,cada vibración de un árbol o de una flor,cada murmullo de un arroyo,cada sonrisa de un niño,cada amor de una madre para con su hijo,cada nacimiento y cada muerte,cada temblor de la conciencia,cada caricia del viento son también religión. Quizá sean sólo religión.
Copiado del libro de Juan Arias “La felicidad invisible”,por si lo quereis leer. Un abrazo y que seais felices “visiblemente”.
06-Julio-2007
Unas preguntas que dejo caer, por si alguien sabe responderlas: ¿En qué se basa para afirmar que las religiones surgen en el neolítico? “La religiosidad o espiritualidad del ser humano se había expresado en el Paleolítico de una determinada manera”: ¿de qué manera?. Con la sociedad agraria surge la religiosidad de creencias: ¿por qué no antes? ¿en qué se basa para afirmarlo?
Yo pensaba que las creencias son connaturales al hombre, cubriendo el espectro de lo desconocido. También he creído siempre que la religión surgía de dos realidades: la dimensión espiritual de la persona -que incluye esas preguntas a las que responden las creencias- y su dimensión social. ¿Es acaso posible que en algún momento de la humanidad el ser humano no haya tenido esa dimensión social? Pues si vivía en sociedad y tenía una dimensión espiritual, tendría religión, pienso yo.
Tampoco estoy segura de estar en una época axial, pues esta mentalidad estilo New Age, y la creación de nuevas religiones, parece que sólo se da en el mundo occidental.
“Cultivar la espiritualidad será lo mismo que cultivar la calidad humana” Necesitaría una definición de esa calidad, porque no lo tengo del todo claro.
Se habla de la espiritualidad como algo que “acompaña al ser humano por su propia naturaleza”, pero luego, en otro momento, se dice que la espiritualidad es “una dimensión que ha brotado en el creciente cúmulo de conocimientos y experiencias culturales, antropológicas y religiosas adquiridas por nuestra especie a lo largo de su larga y trabajada historia” Y esto último parece contradecir lo anterior.
Habrá que aclarar un poco las cosas antes de que las religiones decidan morirse. Aunque, francamente no veo la necesidad de que se mueran.
Con que se pusieran al día con el pensamiento filosófico y científico bastaría.
Me quedo con curiosidad respecto a la relación entre espiritualidad y física cuántica. Parece interesante.
Saludos confusos.
06-Julio-2007
¿Tienen esas cuatro actitudes algo que ver con el IDS?:
“María Corbí llega a formular el núcleo de todo método de cultivo de la espiritualidad como IDS: interés, desapego y silenciamiento”
Aunque no sé si es “una formulación liberada de toda connotación «religional».” A mí me suena bastante.
06-Julio-2007
Asun, ¿podrías nombrar esas cuatro actitudes de Serndipity? (para hacerme una idea)
Saludos.
06-Julio-2007
Mil gracias por este artículo que sintetiza bien la situación religiosa y espiritual del momento actual. Sólo un reparo. Lo digo por lo de “lo más urgente”, como si de una aceleración mecánica que se acciona y ya está, se tratara. Creo que el cambio es atemporal, muy profundo y costoso, especialmente para los que no perciben y menos integran las cualidades femeninas liberadoras inherentes en todo ser humano, la apertura, el desprendimiento y la entrega.
La humanidad va cambiando hacia la plenitud de los tiempos, en tanto en cuanto el ser humano se transforma y evoluciona atraido casi succionado hacia lo que él ya es, Es. La gratuidad y la docilidad van mostrando senda. Verse desnudo, no ser nadie es esencial. Sólo hay, eres, una Presencia amorosa en todo y en todos, que te hace ser,Ser. Es un proceso continuo de maduración y crecimiento, en el que se van desmantelando “seguridades” ya heredadas o autoinducidas en todos, todos los órdenes de la vida. Despiertas del amuermamiento en un flash de intuiciones y en un mar de conocimiento latente y envolvente. Y sigues “siendo nadie”…sin ELLO…
Me atrevería a decir que la espiritualidad es una manera de ser, de vivir. O lo que es lo mismo, vivir en profundidad el momento presente, poniendo atención amorosa en todo y en todos sin pensamiento neurótico, observar con atención desde el “sin juicio” todo lo cotidiano, actitud sana y positiva ante el dolor, dejando emerger, en todo caso, lo que realmente somos, Somos…Lo Que Es. Lo demás vendrá por añadidura… Profundidad y Solidaridad,van a la par, no se da una sin la otra.
Y en Espiritualidad, donde Unidad y Vida son una misma cosa, “Jesús es una frontera que abre todo”. Desde una lectura mística, ¿Quién si no? En Jesús se nos revela-muestra lo que todos somos, Somos. O desde una lectura existencial es en Jesús donde encontramos la Presencia de la Divinidad que nos hace ser, Ser.
Y finalmente apuntaría más como urgente un cambio actualizado en las estructuras de expresión y formas culturales de la Cristología y de tantas y tantas cosas… Transparencia, nitidez, limpieza. Lo sencillo y bello doblemente enriquecedor.
P.D.- Se me ocurre que quizá este librito “Vivir lo que Somos” Cuatro actitudes y un camino.De la colección Serendipity (Desclée de Brouwer)por E. Martínez Lozano pueda ser de interés y bien.
06-Julio-2007
Vigil y Cardozo, dos teclas para suscribir el futuro, el futuro temporal y el futuro eterno! Suscribir el futuro es, en realidad, afirmarse en la esperanza. Liberar la espiritualidad del encierro religioso ya lo hizo Cristo y es la asignatura aun pendiente de los cristianos.
Si nuestro espíritu es el soplo de Dios habitando nuestra carne, es cosa de permitirle esa libertad que el mismo Dios nos concede a nosotros, La verdad nos hará libres y sin la verdad seremos esclavos del señor de la moda.
Salvarse de la entrega del Amor por medio de la Obediencia es la trampa con que las religiones nos engañan, mágica trampa que nos embauca hasta los tuétanos.
Ajustemos el teclado de nuestro pensamiento para suscribir y decidir un mejor futuro de vida!
06-Julio-2007
Bienvenido este artículo-reflexión sobre la espiritualidad. A mí me trae a la memoria aquello de Jesús a la Samaritana: “Viene un tiempo en que los verdaderos adoradores adorarán a Dios en espíritu y en verdad…Ni aquí, ni en Jerusalén, ni en Samaria…” (Entiendan ustedes bien: voy a misa todos los domingos, pero una cosa es valorar lo que tengo de siempre, otra es menospreciar lo que encuentro en el gran bazaar de espiritualidades que es este mundo moderno). O sea, que no es tan novedoso el planteamiento que hace este artículo…y que llueve sobre mojado. Y me viene al recuerdo eso de los místicos del Islam, y los contemplativos de la India y del budismo…Y lo de que “el Espiritu de Dios sopla donde quiere, y no sabes de dónde viene ni a dónde va”. Porque ocurre que uno está rodeado de personas que se proclaman no creyentes, o no practicantes, o ateas…y sin embargo uno se da cuenta de que viven una espiritualidad, algo que yo entiendo como un estilo de pensar y de actuar que va más allá del egoísmo y del dios-dinero, por los caminos de la solidaridad y la entrega al bien común…por la búsqueda de la trascendencia del ser humano. Esto lo veo, por ejemplo, en círculos de poetas; ser poeta, hoy, en el fondo, es buscar a tientas la luz más allá de lo visible y tangible, es querer encontrar una respuesta satisfactoria a la tragedia de la muerte. Y poetas de esos hay muchos más de los que creemos, entre los analfabetos, entre los muertos de hambre y sida del tercer mundo, por todos los lados; precisamente la hartura y aburrimiento que provoca esta sociedad de consumo, esta sociedad que vive en el derroche sobre una prámide inmensa de miles de millones de muertos de hambre y de sida, está despertando el hambre de algo más sustancioso, más nutritivo para las ansias del ser humano.
Por supuesto que estamos alumbrando otra espiritualidad, que es en el fondo la misma que viviera Juan de la Cruz, y todos los místicos que en el mundo han sido. Intentar decir cuál, y definirla, es por un lado vanidad, porque el futuro está más allá de nuestros horizontes, pero por otro lado es acelerar la llegada de esa espiritualidad, purificar lo heredado de adherencias superfluas y estorbos. A mí que me perdonen, pero yo busco esa espiritualidad de hoy en el diálogo con todo lo que es diferente a mí y a mi mundo, con esos mundos desconocidos que nos llegan a través de la inmigración, a través de la juventud actual: hace falta pensar y retirarse al interior de cada uno, pero no es menos necesario captar los mensajes de este mundo que nos rodea, porque Dios nos habla en él y por él. Allá donde la gente pone barreras o hace ghettos, yo estoy convencido de que hay algo muy interesante que aprender, y procuro con todas mis fuerzas rebasar esas barreras que pretenden imponerme…Que no vengan con más Syllabus, que no me vuelvan a decir que como con pecadores y gentes de mal vivir! Un saludo amigos